Informe 2022
PAN: 83 años. De la oposición al poder

PAN: 83 años. De la oposición al poder 17 de septiembre de 2022

Hernán Ochoa Tovar

Chihuahua, Chih

“La democracia no es el peligro. La democracia es la oportunidad” 

Carlos Castillo Peraza. Ideólogo y ex dirigente nacional del PAN (1947-2000).

Hace algunos días, resonó en los medios de comunicación la nota de que la coalición VA por México se había resquebrajado. Sin embargo, pocos repararon en lo que se celebró, la víspera de estos días, a la par de las fiestas patrias: el 83º aniversario del Partido Acción Nacional, el tercer partido político más antiguo del país; y el que fuera, por casi siete décadas, la única oposición constante al monopolio sostenido por el PRI en el ámbito gubernamental.

Comento que el PAN es el tercer partido más antiguo del México contemporáneo (en el México preporfiriano existieron el Partido Conservador y Liberal, ya desaparecidos) porque surgió una decena de años después de su adversario histórico, el PRI; y veinte años más tarde que el extinto Partido Comunista Mexicano. Así, el PAN surge en 1939; el PRI en 1929; y el extinto PCM en 1919, en los albores de la lucha revolucionaria y en plena consolidación del México actual.

Resulta importante decir, que el PAN tuvo una génesis singular. A contrapelo de otros partidos surgidos al calor del siglo XX, los cuales eran desprendimientos de la hegemonía priista (se ha hablado en este tenor del PARM, el PST y el PPS, no obstante su origen lombardista), el PAN se mantuvo independiente de la órbita gubernamental, por lo menos, hasta la década de 1980. 

Si bien, Manuel Gómez Morín, uno de sus grandes ideólogos, colaboró con los gobiernos revolucionarios en la década de 1920, y llegó a ser Rector de la UNAM, la ruptura del joven abogado con el nacionalismo revolucionario llegó a su cenit a finales de la década de 1930, siendo la Expropiación Petrolera (proclamada por el Gral. Lázaro Cárdenas, en 1938) la gota que derramó el vaso; pues ese grupo se situaba contrario a la acción cardenista, la cual, baste decir, había contado con bastante respaldo popular.

Durante las siguientes décadas, fueron un partido marginal o testimonial. Mientras daban las “bregas de eternidad” y eran despreciados por el oficialismo (el ex Presidente Adolfo Ruiz Cortines llegó a denominarlos “místicos del voto”) por su temprana y consabida lucha por la democracia, ellos hacían su lucha en la legalidad, aun sabiendo que la batalla era ardua y compleja, pues, en aquel entonces, tenían a todo el aparato gubernamental en su contra, y era poco lo que podían hacer para que aquellas bregas tuvieran asidero en la compleja realidad nacional, anclada aún en el Nacionalismo Revolucionario. 

Luego de pequeños avances, en las décadas de 1960 y 1970 tuvieron álgidos debates acerca del rumbo que debían seguir, pues mientras algunos se decantaban por la democracia cristiana (que parecía tener aceptación en algunos países latinoamericanos, como Chile y Venezuela), otros parecían decantarse por el perfil empresarial que, a la postre, tendría una aceptación importante con el arribo de los neopanistas en la década de 1980. 

Justamente, la década de 1970 fue un parteaguas: con los gobiernos de Luis Echeverría Álvarez (1970-1976) y José López Portillo (1976-1982), la cúpula empresarial, que históricamente había abrazado la causa del PRI, había tenido una escisión. Aunque una parte de la misma continuó su acérrimo pragmatismo; la otra decidió abrazar la causa democracia, al ver que el gobierno federal estaba cayendo en “excesos preocupantes” (sic).

Fue así como personajes ligados a la patronal en diversas entidades, tales como Manuel Clouthier del Rincón, Vicente Fox, Francisco Barrio y Rodolfo Elizondo, llegaron a la militancia panista. Y la coyuntura, junto con la acertada conducción del veterano Luis H. Álvarez, devinieron en un despegue electoral para el partido. 

Sin embargo, algunos de los neopanistas se caracterizaron por su pragmatismo, en detrimento de sus afanes doctrinarios. Mientras Gómez Morín, González Torres y diversos panistas de la primera época habían privilegiado la doctrina por sobre la praxis; los neopanistas buscaron el crecimiento del partido, y no siempre fueron ortodoxos con sus métodos. Ello llevó a cierto grupo de veteranos, cercanos a la democracia cristiana, tales como Bernardo Bátiz y Jesús González Schmal (a la par de Pablo Emilio Madero, quien fue líder del partido a principio de la década de 1980) a romper con el panismo y a acercarse a la izquierda incipiente (luego de no existir un instituto que abrazara causales semejantes). 

El resto es historia: si, desde la década de 1980, el PAN consiguió vencer en las grandes ciudades, y estuvo a punto de ganar la gubernatura a mediados de esa década; para la de 1990 era un partido en crecimiento. No sólo logró conseguir la gubernatura de Chihuahua en 1992; sino que su poderío se extendió por diversas partes de la República, particularmente en el Bajío, donde generó un poderoso bastión. Su mezcla de neoliberalismo con tradicionalismo pareció ser una buena herramienta para acercar a las clases medias y altas urbanas; no así a los sectores populares, los cuales siguieron siendo leales al tricolor, por lo menos durante un rato más. 

Empero, su llegada al poder, con Vicente Fox en el año 2000, incluyó paradojas, pues fue un partido que no se fortaleció estructuralmente (lo cual, a la postre hizo que venciera de nueva cuenta el PRI en 2012) y acabó entregando la estafeta a sus históricos adversarios.

Sin embargo, en Chihuahua la historia parece haber discurrido de una manera distinta. 

En el tiempo en que el PAN fue gobierno a nivel federal, Chihuahua se mostró como un territorio adepto al PRI, hasta 2016, cuando el hartazgo con el duartismo, hizo que el otrora poderoso PRI se redujera hasta su máxima expresión y, en los comicios venideros (2018, 2021) no pudiera levantar el vuelo. 

En dichas elecciones, Chihuahua actuó a contravía de la tendencia nacional, pues, en 2018, aunque MORENA ganó a nivel estatal, la ciudad de Chihuahua se mantuvo como un bastión del panismo. Y, en 2021, aún con luchas fratricidas, pudieron mantener el estado de Chihuahua, cuando parte del norte, el noroeste y el sur profundo eran bañados por arrolladoras olas morenistas. 

Habrá que ver hacia dónde se encamina esa tendencia. A nivel federal, los escenarios actuales parecen deparar que, tanto el PRI como el PAN (¿y el PRD?) seguirán siendo oposición a partir de 2024. 

Empero, habrá que ver el derrotero que siga Chihuahua, pues, aunque el blanquiazul se ha fortalecido a partir del 2016, resulta complejo advertir hasta cuándo se extenderán su prestigio y su hegemonía; pudiendo tornarse otro Guanajuato (donde han mantenido su predominio por 31 años consecutivos) u otra Veracruz (donde sólo retuvieron el gobierno un par de años), según determine la voluntad del electorado.

En efecto, el PAN ha tenido un largo y sinuoso camino (The Beatles, dixit). 

Resulta complejo adivinar hacia dónde se conducirán en el futuro, pues si algo es veleidoso y volátil en estos tiempos contemporáneos, es, sin duda, el quehacer político (Moisés Naím, dixit).

Hernán Ochoa Tovar

Maestro en Historia, analista político.