Chihuahua, Chih.
“¿Un antes y un después?” Le pregunta un reportero a Claudia Sheinbaum en la mañanera de este martes 7 de julio. La presidenta no contesta con claridad. Ni sí ni no.
El reportero se refería a la relación de México y Estados Unidos después de la revelación de que el FBI sí habría participado, lo que es más, habría planeado y ejecutado la operación de sustracción de territorio nacional de “El Mayo” Zambada el 25 de julio de 2024.
Pienso que ayer escuchamos una de las mañaneras más importantes del sexenio y que sí habrá un antes y un después.
La presidenta acusa a Ken Salazar, exembajador de Estados Unidos, de haber mentido a México respecto a la “extracción” o “secuestro” de “El Mayo” Zambada con participación directa del gobierno de Estados Unidos. Recordemos la declaración de Salazar del 9 de agosto: "No hubo recursos de los Estados Unidos en esa operación. No fue un avión de los Estados Unidos, no fue un piloto de los Estados Unidos, no fueron nuestros agentes o nuestra gente en México. Esta era operación entre los cárteles donde uno se entregó al otro".
Ella dice que acusa a Salazar, pero en su propio discurso expresa una y otra vez, con razón, que el embajador era representante de nuestro país vecino. O sea, sus palabras representaban la postura del gobierno de Estados Unidos puesto que ni la Casa Blanca ni el Departamento de Estado lo desmintieron.
En el lapso entre la extracción de “El Mayo” y la acusación que la presidenta hace hoy a Estados Unidos, han pasado dos años, dos presidentes estadounidenses y dos mexicanos. Ninguno había vuelto a mencionar el asunto.
Ni López Obrador ni la fiscalía autónoma, entonces dirigida por Gertz Manero, cuestionaron la declaración de Ken Salazar de que Estados Unidos no había participado en el affaire Zambada. Dieron por buena la versión del embajador, o eso nos dijeron, y no supimos más.
¿Por qué no investigó AMLO si hubo injerencia? Indicios para investigar había en abundancia.
Como dijo la presidenta en la mañanera, “de confirmarse la participación del FBI sin informar al gobierno de México representa una violación a la Carta de las Naciones Unidas, a la carta de los Estados Americanos, a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y a la Ley de Seguridad Nacional”.
Trump acusa a México de ser un narco-Estado y pide extradiciones dentro del marco legal.
No dudo que Sheinbaum esté combatiendo la delincuencia, pero tampoco que esté protegiendo a los integrantes de Morena que han sido señalados con sólidas evidencias de estar ligados con el crimen organizado.
No sé si con esta acción la presunción última es levantar el sentimiento nacionalista frente a los Estados Unidos. Si ese es el caso, pocas fichas tenemos por nuestra errática posición respecto al crimen organizado y el papel de Estados Unidos en la ecuación. Si es así, México no está muy bien posicionado frente a Estados Unidos.
El discurso de Sheinbaum se ha centrado, desde siempre, en la tan llevada y traída soberanía que se utiliza a discreción o cuando sirve a sus propósitos.
Quizá, como bien dice López Ayllón, “la pregunta no sea cuánta soberanía nos queda, sino para qué la necesitamos y cómo la ejercemos”.