Lo sagrado en la poesía de José Luis Domínguez

(Texto leído en la presentación del libro “Los dedos en la llama”, el día 28 de febrero de 2018 en la UPNECH, campus Chihuahua)

query_builder 8 de abril de 2018
Chihuahua, Chih.

I.- La poesía de José Luis Domínguez puede leerse a través de su vida. O dicho de otra forma, la vida de José Luis Domínguez puede leerse a través de su poesía. Desde luego que no encontramos una historia lineal contada paso a paso, lo que encontramos en la poesía de Domínguez son fragmentos de vida que tienen la forma de una “llama”, de un pedazo de luz o de lumbre que se posa sobre los dedos de la mano. De ahí el título del poemario que reúne la obra in-completa del poeta cuauhtemense: “Los dedos en la llama”.

¿Qué significa poner “Los dedos en la llama”? Desde luego que significa tocar la luz y la lumbre. En este caso, los dedos significan al cuerpo de los hombres. Con los dedos se tocan pedazos de la vida: mientras acariciamos, mientras nos limpiamos las lágrimas del rostro, mientras sujetamos un pluma para escribir lo que brota desde el fondo de nuestra existencia. Pero cuando los dedos tocan a la vida que ha tomado la forma de una “llama”, lo que están tocando es la vida que se intensifica, la vida que puede volverse luz en forma de conocimiento o lumbre que bajo la forma del calor puede llegar al grado de la quemadura.

Un “llama” es un pedazo de luz que puede significar al conocimiento, tal como sucede en la parábola de “La Caverna de Platón”. Pero una “llama” significa también un pedazo de lumbre, y por lo tanto, un pedazo de infierno. La llama en forma de luz o en forma de lumbre es un territorio impuro. En la vida no hay una pureza, ni una transparencia plenas.

En el caso del gobierno de Javier Corral, se tomó el lema del “nuevo amanecer”, tratando de significar el contraste de una “luz” que vendría después de una “oscuridad”. Con el actual gobierno estatal todo sería pura “luz”, ahora sabemos que eso no es cierto. El símbolo de la “luz” en el actual gobierno del estado ha buscado la significación de una pureza que en los hechos se ha mostrado impura en repetidas ocasiones.

El caso de la imagen de la “llama” en la obra de José Luis Domínguez posee un significado que resalta la ambigüedad y la imprecisión. El poeta juega con la imagen de una luz que tiene la forma de la lumbre, mientras la luz significa la posibilidad de la iluminación del conocimiento, la llama significa los pedazos de infierno que todos hemos tocado con las yemas de nuestros dedos alguna vez.

Los políticos han hecho del lenguaje un lugar de artificios y falsedades, dando lugar a un vaciamiento de las palabras. Los poetas han resguardado a las posibilidades sagradas del lenguaje. Porque las palabras guardan en su interior algo sagrado, algo que nos toca las fibras más íntimas cuando al decirlas o escucharlas sentimos que por dentro nos recorre algún escalofrío. Esa es la diferencia entre un político y un poeta. Los políticos se han encargado de llevar al lenguaje a los desbarrancaderos de la historia, al vaciamiento del sentido. Los poetas se han tomado la tarea de resguardar el contenido sagrado que aún se escucha en los latidos de la poesía hecha de palabras y de ruidos. El lenguaje de la poesía seguirá siendo una forma de aproximarse a lo sagrado. Que no se nos olvide que las palabras guardan en su interior al fuego de lo sagrado. Mientras se escribe poesía, hay que escarbar profundo para que ese fuego se reavive y se convierta en luz o en lumbre que se extiende hacia la vida. Eso es lo que hace José Luis Domínguez mientras escribe: escarbar profundo hacia adentro de sí mismo y hacia adentro de nosotros. Y mientras escarba, mientras va descubriendo la luz y la lumbre de la vida, convierte en poesía lo que somos…

II.- José Luis Domínguez es un rebelde de la vida. Es uno de esos locos que hizo suyo el manifiesto de la poesía, con la consigna de ir a contracorriente de la vida. Una de las figuras emblemáticas de la poesía de este escritor chihuahuense es el profeta Jonás que se caracteriza por su desobediencia. Jonás es uno de los personajes que atraviesa la historia de la Biblia católica y cristiana, y la historia del Corán de los musulmanes.

A Jonás le fue encargado pregonar la palabra de Dios entre los habitantes de Nínive, una ciudad que existió en lo que hoy conocemos como Irak, en los siglos que antecedieron a Cristo. Pero Jonás desobedeció el encargo que el mismo Dios le había hecho. Jonás huyó del mandamiento de Dios y emprendió un viaje en barco a lo largo de lo que hoy conocemos como el mar Mediterráneo. En el transcurso del viaje ocurrió una tormenta de una fuerza descomunal. Los marineros culparon a Jonás por la tormenta, por el hecho de haber desobedecido a Dios.

El profeta se declaró culpable de desobedecer a Dios, y como no quería que otros padecieran por su culpa, les pidió a los marineros que lo arrojasen al mar. Cuando estuvo en el agua, Jonás fue tragado por una ballena y de esa forma logró salvar su vida. A los tres días la ballena expulsó a Jonás arrojándolo a tierra seca. Jonás se reconcilió con Dios. Aunque la desobediencia y el sacrificio lo marcaron de por vida. Jonás es un personaje marcado por la rebeldía.

En 1996, José Luis Domínguez publicó un poemario titulado “Jonás”. A lo largo de ese texto, Domínguez se mira en el espejo de la vida a través del personaje bíblico de Jonás. Ese poemario es una rebeldía ante la vida:

Jonás es mi nombre

yo vengo de todo lo suspenso

de todo lo invisible

de una larga dimensión sin rostro

Incierto es el origen de mis días

incierta es la raíz que me alimenta…

yo nací

debo reconocerlo

sin mi pleno y total consentimiento

yo no pedí venir al mundo

me trajeron a la fuerza…

a lo largo de las horas de mi infancia

he sido el blanco de todas injusticias

el grito sumario de todas las sentencias

el desheredado

el solitario eterno

el jamás escuchado

el siempre doloroso…

De una o de otra forma la rebeldía tendría que tener la forma de la eternidad. Quizá ese sea uno de los significados más rotundos de la vida que una y otra vez se ha construido a partir de actos de rebeldía: hay las células que mutan de su forma original, hay cambios biológicos en las especies que evolucionan de forma inesperada, está la historia que no se detiene ni se cansa en la transformación de la vida y la cultura, están los sistemas políticos que fracasan y que requieren ser modificados. Los llamados a la rebeldía están por todos lados.

La poesía de Domínguez es una escritura de la rebeldía que se extiende a lo largo de sus libros. Uno de los últimos poemas de “Los dedos en la llama” es un canto de rebeldía en contra del trabajo de un obrero que deja de ser persona y se convierte en una “cosa”, en una “cifra”, en una “simple herramienta” del proceso de producción capitalista.

Hace algunos años José Luis Domínguez era bibliotecario en el CBTis 117 de Cuauhtémoc. En algún momento de su vida, decidió renunciar a este trabajo y vivir entonces de la escritura. Sin lugar a dudas este es un acto de rebeldía radical. ¿Quién en estos tiempos subsumidos por el capitalismo, toma la decisión de renunciar a la seguridad económica de su trabajo para vivir de la escritura y la poesía? Solamente un rebelde.

Algo parecido sucedió hace poco tiempo, cuando José Luis Domínguez entró a estudiar la Licenciatura en humanidades en la extensión de la UACJ en Cuauhtémoc. José Luis superaba a sus maestros. Como lector voraz que ha sido a lo largo de su vida, pocas cosas, si no es que nada, podrían enseñarle los maestros a José Luis. Es obvio que terminó por abandonar la carrera. Eso es un acto de rebeldía. Pero José Luis Domínguez no necesita un título universitario para saber lo que sabe, para ser lo que es.

La rebeldía de José Luis es un ímpetu que luego nos contagia, que nos invita a no cansarnos y seguir luchando a contracorriente. A fin de cuentas, al igual que el profeta Jonás, todos hemos sido arrojados al océano de la vida, todos vamos a contracorriente, y cada uno de nosotros será tragado y salvado por ballena diferente, para luego ser devuelto a la calma de la vida sobre la tierra…