Focos rojos en Morena: Economía, partido y congruencia
Sin Retorno

Focos rojos en Morena: Economía, partido y congruencia 2 de febrero de 2020

Luis Javier Valero Flores

Chihuahua, Chih.

“… Para no crecer al 2% como ha sucedido los últimos 30 años, que ha sido un fracaso, la política económica; fracaso completo. Porque estoy convencido de que si no hay crecimiento, no hay empleos, si no hay empleos, no hay bienestar; si no hay bienestar, no hay paz, no hay tranquilidad. Esto que estamos padeciendo, hoy, en México, se ha originado , en buena medida, además de la corrupción, en la falta de crecimiento…”: AMLO en Tercer Grado, Televisa, 19/XI/18.

 

El presidente López Obrador ya lo sabía, por eso, un día antes que el Inegi diera a conocer que el país había tenido un crecimiento negativo del -0.1% en 2019, se apresuró a dar a conocer el origen de un grupo de funcionarios, (Gabinete para el Crecimiento Económico, coordinado por Alfonso Romo, jefe de la Oficina de la Presidencia), lo que denotó la preocupación del mandatario por uno de los aspectos más importantes de la vida nacional.

Pero reacio a aceptar yerros en su gobierno, o metas no alcanzadas, sometió al país a una más que falsa discusión que, desgraciadamente, sus seguidores acríticos han replicado con tan malos y mentirosos argumentos en los que la insistencia en la descalificación es el rasgo predominante.

Es probable que en estos momentos no revista importancia un aspecto de la personalidad del presidente, pero en la medida en que transcurra el sexenio y muchas de las promesas efectuadas no se concreten, podrá convertirse en un factor extremadamente negativo el hecho de que las expresiones del presidente no concuerden con la realidad imperante.

Bagaje importantísimo de la izquierda mexicana (sobre todo la procedente de las corrientes socialistas o comunistas) lo fue el hecho de que los hombres y mujeres de ellas eran personas que guardaban absoluta congruencia en sus actos y sus declaraciones.

Para decirlo en el lenguaje hoy, eran personas absolutamente confiables en su conducta. Daban confianza, no se “acomodaban” a los vaivenes del momento.

Y eso es uno de los flancos débiles del presidente, hoy niega lo que fue eje central de su crítica a los gobiernos “neoliberales”, dice que a pesar de que no haya crecimiento, hay bienestar ¿Cómo puede afirmar semejante cosa el principal abanderado de la izquierda mexicana, que, por puritita casualidad, trabaja de presidente de la república?

No puede ser.

Al negar, hoy, la necesidad de que exista crecimiento para que haya bienestar (cosa que, coincidimos todos, puede haber crecimiento sin bienestar, pero de ninguna manera bienestar sin crecimiento), en la práctica le da un mentís a sus propias actuaciones como líder de la oposición en el largo período del 2006 al 2018, en las que parte sustancial de sus críticas se centraron en la incapacidad de los gobiernos neoliberales de Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto para hacer que el país creciera por encima del 2%.

Hoy, que el país registra un decremento, se apresura a declarar que a pesar de todo “hay bienestar” y con esa conducta poco le abona a su gobierno y a su partido, éste metido en verdaderos problemas en el que protagonistas estrechamente ligados a él se encuentran confrontados en grado extremo, en la disputa por el liderazgo y, sobre todo, por el proyecto político impulsado por quienes aparecen como las principales cabezas de lo que es, un verdadero galimatías.

Y el presidente, incapaz de superar el pasado político, no solo de él, sino de muchísimos políticos mexicanos, argumenta que su papel de presidente le impide intervenir en el conflicto de su partido, cosa que en las democracias desarrolladas (por cierto, prevalecientes en los países “bajo el régimen neoliberal”) hace rato superaron pues el jefe de gobierno es, también, el líder de su partido e interviene de manera cotidiana en la vida diaria de su agrupación partidaria pues en esas democracias, lo saben, la estabilidad interna partidaria forma parte esencial de la estabilidad política del país.

Por supuesto que debe intervenir el presidente López Obrador en el conflicto de Morena, pero intervenir no significa que él resuelva -aunque no está vetada esa posibilidad- sino que ayude a la resolución de la grave problemática por la que pasa su partido, el único que ha sufrido, siendo partido gobernante, una crisis como la que asuela a Morena en estos días.

Pero más importante que las crisis de su partido y la económica, quizá la más importante tenga que ver con la congruencia a la que está obligado el presidente López Obrador.

No puede, por medio del más absoluto pragmatismo, descalificar lo que apenas unos cuantos meses atrás evaluaba como lo más negativo. 

Está obligado a plantearle a los mexicanos que no se han obtenido los logros deseados, que hay un conjunto de factores que inciden de manera decisiva en la falta de resultados favorables, en lugar de contribuir, -cada que hay un dato aportado por alguna dependencia de su gobierno, que no le favorece, o no le gusta- al incremento de las burlas, de los memes y, seguramente, a la elevación del número de mexicanos que se van desencantando de su gobierno, en lugar de ufanarse, como lo hacían los presidentes anteriores, de que “hay condiciones favorables: finanzas sanas, peso fuerte, baja inflación, inversión extranjera, T-MEC y lo más importante, honestidad, paz y gobernabilidad”, como lo sostuvo el miércoles en un twit al dar a conocer la integración del “Gabinete para el Crecimiento Económico”, que tendrá como tarea central y única contribuir al “fomento a inversiones y el crecimiento económico”.

Expresión que choca frontalmente con sus descalificaciones al trabajo del INEGI, organismo dirigido por un hombre al que designó directamente y el cual goza de su extrema confianza ¿Y entonces?

Es que, analizadas las finanzas del gobierno mexicano, a la luz de dos especialistas, los directores de los periódicos más prestigiados en el área económica -El Financiero y El Economista-, Enrique Quintana y Luis Miguel González, respectivamente, pueden advertirse los puntos finos que la salvaje confrontación política impide apreciar.

Así, para González “El dato del PIB para el 2019 es malo porque decrecimos 0.1%, pero merece otros adjetivos cuando nos vamos al detalle, después de todo 0.1% es un promedio. Para el comercio electrónico, fue un año espectacular, mientras que para la construcción se trata de un año espantoso, el peor desde la Gran Depresión del 2009”. (“Guía para digerir la caída de 0.1% del PIB en el 2019”, El Economista, 31 de enero de 2020).

Más. “… Decir menos 0.1% sirve porque ofrece una visión panorámica de la economía nacional. La fotografía muestra un tropiezo. Quedarse con el promedio es hacer caso omiso de la diversidad de situaciones que vive una economía tan compleja como la mexicana. 

Los estados que integran la región de la frontera norte incrementaron su PIB 2% en datos hasta el tercer trimestre, mientras que los que están en la zona sur-sureste traen un descenso de 1.2%, en el periodo enero-septiembre. Con estos datos a la mano podemos afirmar que el arranque del gobierno de AMLO amplió la brecha entre el norte y el sur… El uso de promedios también obstruye la visión de lo que ocurre al interior de los sectores. Los servicios crecieron 0.1%, pero dentro de ellos las actividades de información en medios masivos cayeron 0.5% y los servicios de apoyo a los negocios crecieron 5.2%, ahí se encuentran la venta e instalación de soluciones informáticas. Si hacemos un close up en actividades de ciberseguridad, el crecimiento registrado es cercano a 40 por ciento”. (Ibídem).

“En el comercio tenemos dos realidades. El electrónico creció más de 35% en un año en el que el comercio “físico” no llegó a 2 por ciento. Los participantes del e-commerce, podrían decir: “Crisis? What crisis?”, como si fuera portada de disco de Pink Floyd…”.

“La caída de 0.1% de crecimiento económico se ve más fea cuando se mira a la luz de la tasa de crecimiento poblacional de México, de 1.3 por ciento. Esto implica que el PIB per cápita decreció 1.4 por ciento”. (Ibídem).

Y luego aporta un dato para la picaresca nacional: “… Para los que necesitan encontrar la forma de ver el vaso medio lleno, esta ‘Caja Fuerte’ les tiene un premio por llegar al final: existe la posibilidad de hablar del PIB en dólares. Una caída de 0.1% se convierte en un alza de 3.8%, porque el tipo de cambio del peso frente al dólar se apreció 3.9% en el 2019. Aunque usted no lo crea, el PIB de México creció en el 2019, si se mide en dólares. Por favor, no se lo digan a AMLO”.

Por su parte, Enrique Quintana, menos incisivo en su crítica, sostiene que “el hecho de que el resultado sea de una caída (del PIB) más leve, implica que las cosas no fueron tan malas como se anticipaba. Ya sé que eso no cambia el hecho de que la economía cayó. Eso es irrebatible”. (“PIB: ¿medio vacío o medio lleno?, El Financiero, 31/01/2020).

Y afirma que lo más importante es que la dinámica de la economía, desde el mes de julio del año pasado, “ya no cayó, como en la primera mitad del año, sino que se mantuvo estable”. (Ibídem).

“Si esto ocurrió a pesar de que vivimos un periodo de gran incertidumbre y falta de definiciones, derivado del arranque del gobierno, de los cambios profundos en la operación que está haciendo esta administración, y de la incertidumbre que existía respecto al futuro del Tratado México, Estados Unidos, Canadá; si a pesar de todo la economía no cayó, quiere decir que las cosas no resultaron tan mal como parecían”.

Y le concede al presidente López Obrador una parte de la razón pues sostiene que un segmento muy importante, “de varias decenas de millones de personas, ganó en su poder de compra durante 2019 por los incrementos reales de los salarios… y otros más también lo hicieron por el nivel histórico en la recepción de remesas y por los recursos que llegaron a través de los programas sociales”.

Finalmente, advierte que es probable que haya “un crecimiento modesto, pero finalmente con un registro positivo”.

Si AMLO abrevara de estos mensajes y estos datos, si le hablara con la verdad completa a los mexicanos, sin duda alguna incrementaría sus calificaciones, desmentir la realidad, o tratar de minimizarla es el más malo de los caminos que puede seguir un gobernante.

No le hace bien al mandatario, no es bueno para su partido y, por supuesto no lo es para la sociedad.

 

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