El dispositivo ideológico y político de la resiliencia en la era neoliberal

El dispositivo ideológico y político de la resiliencia en la era neoliberal 14 de julio de 2019

Leonardo Meza Jara

Chihuahua, Chih.

I.- La resiliencia lleva consigo la idea de una sanación psicológica y sociológica del ser humano que se sobrepone a las dificultades de la vida. El resiliente es aquel que después de vivir una situación adversa en lo socioeconómico (la pobreza), en lo familiar (el abandono, la pérdida de un ser querido, etc.), en lo cultural (la marginación por motivos diversos), logra activar una serie de recursos personales, familiares y sociales que le permiten convertir a un territorio trágico, en lo que hoy suele llamarse “área de oportunidad”. El resiliente es capaz de desactivar el naufragio para convertirlo en una travesía con rumbo definido: la superación personal y/o familiar. No es coincidencia que la resiliencia surja en el mismo tiempo histórico en que aparece la idea de la superación personal, alimentada desde la literatura del bestseller y la psicología de la programación neurolingüística (PNL). Desde luego que en la literatura de superación personal del bestseller, la PNL y la idea de la resiliencia, operan de manera artificiosa una serie de condicionamientos que desde los terrenos de la psicología y la sociología moldean ideológica y políticamente a las personas.



II.- La resiliencia es un dispositivo del neoliberalismo que se desplegará a lo largo del siglo XXI. Los dispositivos están hechos de palabras (discursos) y de artefactos que inducen a la acción (reglamentaciones jurídicas o morales, programas de atención gubernamental o privada, protocolos médicos o psiquiátricos). Un dispositivo tiene un carácter funcionalista, pretende insertar y contener a los sujetos en las formas de vidas aceptadas y procreadas por el mercado capitalista y la sociedad de la democracia neo-liberal, aún en el naufragio histórico de ambas. Los dispositivos cuadriculan la vida de los sujetos positivamente (predisponiendo y alentando) o negativamente (recortando y reprimiendo). No son mecanismos que se puedan detectar a simple vista, no se identifican como si fueran un objeto, no se muestran bajo una estaticidad. Se hacen visibles en su operatividad compleja, en la que se entraman discursos y artefactos que trazan procedimientos, formas de hacer las cosas de una manera determinada (Agamben, “¿Qué es un dispositivo?”, 2011).

¿De qué manera(s) la resiliencia funciona como un dispositivo? La idea de la resiliencia está hecha de discursos psicológicos, sociológicos, educativos y desde luego políticos. La investigación sobre la resiliencia surge en las áreas de la psicología y la sociología a mediados del siglo XX, en Estados Unidos y Europa. Con los años, esta idea se clarifica y se robustece discursivamente. Miles de páginas, cientos de investigaciones se han realizado a partir del tema de la resiliencia. En América Latina las investigaciones sobre este tema se han multiplicado en los años recientes. Hay un fervor por investigar al respecto. Estos discursos se han postulado en términos científicos desde el territorio de la investigación en las áreas de las ciencias sociales y las humanidades. Hay un espacio de saber específico que se ha desarrollado en el último medio siglo en torno a la resiliencia.

Pero el discurso científico-filosófico que ha crecido alrededor de esta idea, no permanece en sí mismo, sino que se desdobla hacia un deber ser. La invención discursiva de la resiliencia pretende crear un modelo de ser humano resiliente, que pueda sobreponerse a las adversidades de la vida a partir de una fórmula, de la predisposición de una serie de estructuras individuales (psicológicas) o sociales (sociológicas, políticas, etc.). En su paso de lo discursivo hacia lo no discursivo, la resiliencia se manifiesta bajo cualidades performativas (Austin, “¿Cómo hacer cosas con palabras?”, 1990). Los discursos sobre la resiliencia llevan implícitos ordenamientos para crear personas resilientes. En los términos de la tecnología social y política, las investigaciones sobre la resiliencia traen consigo la intención de manufacturar seres humanos persistentes, que puedan sobrellevar a las cargas negativas del neoliberalismo en el siglo XXI. La resiliencia se dice (se crea mediante el saber de las palabras) y enseguida se procura como un hacer (se induce hacia las estructuras de poder configuradas institucional y legalmente). Si algo queda claro a partir de la filosofía heredada de Foucault, es que el saber y el poder coexisten simbióticamente. Este es un territorio paradójico sobre el que se requiere escarbar a cada paso.



III.- La idea de la resiliencia es un detonante que trae consigo la reactivación del debate filosófico sobre la utopía. Como idea, la resiliencia surge y se fortalece hacia finales del siglo XX e inicios del siglo XXI, en el mismo momento histórico en el que los filósofos de la postmodernidad (Lyotard, Vattimo, Baudrillard, etc.) postularon la muerte de los grandes relatos. El comunismo, el capitalismo y el cientificismo, como territorios de la salvación humana, perdieron sus energías utópicas. La etapa histórica que nos toca vivir está impregnada de un fuerte pesimismo.

La creencia y la fe en las diversas instituciones de la sociedad han sido echadas abajo. Basta asomarse a las encuestas sobre la confianza en las instituciones en México y América Latina para poner en claro el desgaste institucional. El declive de la creencia y la fe en las instituciones no tiene lugar de forma abstracta en la teoría política, sociológica o filosófica, sino que es un lugar común del pensamiento común, que tal vez no necesita ser teorizado para ser puesto en claro. Basta asomarse a la realidad de los últimos tres decenios para dar cuenta de un panorama desolador cruzado por: desacuerdos que se hunden en la contradicción irresoluble, procesos políticos convulsivos cuyo lugar común es la ausencia de un final satisfactorio, constantes fracturas en el supuesto orden social, reiteradas crisis económicas que traen consigo el desasosiego de millones de seres humanos, miradas que en lo cercano trazan un horizonte apocalíptico a raíz del deterioro ambiental.

Ante los problemas vividos, la previsión de caminos en forma de respuestas y soluciones parece desvanecerse al momento siguiente de su trazo. El sentido de la salvación y la heroicidad humanas ha sido capturado por el mercado capitalista, son productos que se compran y se venden, que se consumen una y otra vez en la industria cinematográfica y de los videojuegos, en el mundo del deporte y del espectáculo. El antiguo héroe griego y el héroe histórico de la modernidad que forma parte de la historia de bronce, han cedido su lugar al héroe virtual y mercantil construido en las narrativas del mundo del espectáculo.

¿Cómo se explica entonces que la “resiliencia”, como dispositivo de acción política e ideológica brote y se consolide en el mismo momento histórico en el que se desvanecen los grandes relatos? Porque la resiliencia se abre hacia un territorio político e ideológico que desde la investigación (en las áreas de la piscología, la educación y la sociología) juega el papel de activador de los pequeños relatos de salvación humana. Si los grandes relatos de la salvación (comunismo, capitalismo, cientificismo) han dejado de ser pertinentes, funcionales en términos históricos, sociales y políticos, se hace entonces necesario formular otro tipo de relatos en los intentos por reactivar la fe del hombre en las instituciones y en el hombre mismo. Como energía de la espiritualidad humana en términos históricos o transhistóricos la fe no se derrumba, tan solo se transforma, o se trastorna.

La idea de la “resiliencia” trae consigo una serie de evidencias de la conversión de las grandes energías utópicas de la modernidad, en pequeñas energías transformacionales que tienen lugar en el ámbito personal y/o familiar. La utopía se des-integra de lo social y lo político para re-integrarse psicológicamente en la cabida de lo meramente personal y familiar. La utopía se minimiza, su talla histórica es la del resiliente capturado por las narrativas de la investigación, que son pequeños testimonios sociales de la persistencia individual y familiar. Lo primero que se asoma en la presencia de la resiliencia como dispositivo político e ideológico, es el paso de los grandes relatos de salvación colectiva, a los pequeños relatos de salvación individual y/o familiar.

El resiliente salvado por las estructuras familiares, educativas y sociales es en el fondo un autosalvado, alguien que se salva a sí mismo del naufragio. Por más que se pretenda generalizar a las cualidades del resiliente en historias de salvación que anudan lo individual con lo colectivo, por más que se pretenda configura una idea colectivizada y/o masiva de lo resiliente, en el fondo el resiliente es un sujeto único, rodeado por una serie de condiciones específicas, que rehúyen de la generalización y de la colectividad.



IV.- La “resiliencia” es un concepto que la psicología y la sociología retoman de la teoría física de la resistencia de materiales, para explicar las aptitudes y habilidades que dan lugar a que los seres humanos sobrelleven y se repongan de las situaciones adversas de la vida. En los estudios sobre la resiliencia, suele obviarse el análisis sobre la traslación conceptual que va de las ciencias exactas (la física) a las ciencias sociales (la psicología y la sociología). De inicio, en la traslación conceptual es notorio que la idea pasa de un plano físico y materialista (la resistencia de objetos materiales fabricados con metales u otras sustancias) a un plano psicológico e inclusive espiritual, que tiene lugar en la condición humana. En el ser humano, la persistencia ante la adversidad no queda fija a lo físico o lo material de la vida, sino que transcurre por lo mental y lo espiritual.

En la traslación conceptual de la “resilencia”, que va del campo de la resistencia de los materiales en la física (ciencias exactas) al campo de la psicología, la sociología (ciencias sociales) y las humanidades (educación), surge una pregunta: ¿La condición sustancialista de la “resiliencia” que opera mediante una fórmula matemática en el campo de la resistencia de materiales en la física, tiene lugar también en el campo de las ciencias sociales y las humanidades, pretendiendo crear una especie de fórmula para pro-crear seres humanos capaces de persistir incuestionablemente ante la adversidad?

En las diversas investigaciones sobre la resiliencia en los años recientes, las maneras de abordar al objeto de estudio buscan establecer una fórmula científica y humanísticamente aceptable del ser humano resiliente. Si como idea, la resiliencia ha logrado ser aceptada en la comunidad científica y educativa, se hace entonces necesario poner en claro los condicionamientos y mecanismos de su funcionamiento. ¿Qué características predisponen a un ser humano a convertirse en resiliente? ¿Qué estructuras han dado lugar al establecimiento del perfil del resiliente? La piedra de toque de las investigaciones sobre la resiliencia es una fórmula que en términos individuales (piscológicos) y sociales (sociología, educación) pudiera establecer con la mayor claridad posible al deber-ser del resiliente. Desde luego que en esta pretensión se muestra un sustancialismo. Aquí tienen lugar los intentos por manufacturar de manera masiva a los resilientes del siglo XXI, a partir de un entramado que combina bajo ciertos equilibrios lo teórico y lo práctico (el saber y el poder).

Pero uno de los resultados del cúmulo de investigaciones sobre el tema, es que no hay una fórmula exacta de lo resiliente. Hay investigaciones que resaltan las capacidades individuales, otras subrayan las fortalezas familiares, otras más ponen atención en los recursos que funcionan como apoyos sociales o institucionales. Hay investigaciones que pretenden dar lugar a la idea de un equilibrio ideal y funcional entre estos factores que contribuyen a la configuración de lo resiliente. A fin de cuentas, lo ideal y lo funcional de la resiliencia desemboca en la postulación de una alquimia. Entre los territorios de la psicología y la política (psicopolítica) la fórmula neoliberal de lo resiliente es alquímica.



V.- Lo peor del caso, es que las políticas públicas de la izquierda lópezobradorista en México comienzan a posicionar el discurso de la resiliencia como camino a seguir. Cuando los discursos y los dispositivos de la derecha se instalan en la izquierda, más allá de surgir un territorio de incertidumbres, lo que se deja ver son las batallas ganadas del neoliberalismo.



VI.- Política e ideológicamente, la resiliencia pretende sobreponer la persistencia (individual y psicologizante) por sobre la resistencia (colectiva y politizante). En la trabazón neoliberal que tiene lugar en los terrenos de las ciencias (piscología, sociología, política) y las humanidades (educación, literatura, filosofía) en el siglo XXI, el lema es: Persistir en lugar de resistir. Ahí coagula el dispositivo de la resiliencia. Por lo tanto, en la lucha contra el neoliberalismo se hace necesario invertir la fórmula de la resiliencia: Resistir en lugar de persistir.

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