Amadas y amantes

Amadas y amantes 3 de marzo de 2025

Alfredo Espinosa

Chihuahua, Chih.

1.- ¿Se elige amar?, ¿amar es consubstancial al género humano?, ¿amar es una atracción involuntaria o una elección?, ¿una predestinación o un cálculo? ¿Qué cualidad enamora más a las personas? ¿La belleza física, el sexo, la insistencia, la adulación, el dinero, el poder, las necesidades personales y las circunstancias, el currículum, la imagen pública? ¿Cuál de todas éstas, u otras, es la que hace que ames a una persona?

El amor es un integrador de cualidades. De hecho, hablamos del amor cuando una persona percibe a otra persona en su totalidad y a plenitud.

2.- La pareja es un ser por sí mismo; la creación de esta nueva criatura conformada por dos que fueron soldados por esa sustancia indeleble y poderosa llamada amor. "Tú no eres nada más que eso que soy", se dicen los amantes sin saber que citan a Lacan, envueltos en el narcisismo primario que les hace cerrar los ojos a otra realidad y gozarse en su vuelo de su burbuja olvidándose de las púas.

Y para ese disfrute es necesario darse tiempo para tocarse con manos de ciego, besarse con bocas frutales, amarse con licores delirantes, completarse con la media naranja, con la costilla más flotante, dotarse de la mitad más fecunda, tierra donde todo prospera, hibernar en la cuna de su lado cóncavo, flotar en su burbuja, ser ellos mismos reflejados en ojos sin sombras. Lo mejor que uno puede ser es conformando la pareja de ese nuevo ser que ya es con otro. Porque es así como los enamorados viven, no resulta extraño que paulatinamente abandonen sus antiguos apegos: familia, amigos, actividades. Solos se bastan a sí mismos.

3.- “El abrazo de los cuerpos no es otra cosa que las señas que un alma le hace a otra”.

El amor genuino es involuntario, monogámico, gratuito, se alcanza con una gracia, el amado no se escoge por vanidad, es desinteresado, y a veces va en contra de sus propias conveniencias. El otro ofrece lo mismo que puede recibir de ese otro a quien se liga.

En el noviazgo es más virulento el amor porque todo es ilusorio, prohibición, esperanza.

El amor, dice Borges, requiere milagros, pruebas y confirmaciones permanentes.

4.- En la relación amorosa, ambos abandonan la soledad y se vinculan milagrosamente: los engranajes funcionan, la otra mitad de la naranja nos completa. La fragmentación, el descuartizamiento que la sociedad ejerce contra cada uno de ellos, son reparados por unas manos cariñosas. Una voz susurrante que dice nuestro nombre nos salva del anonimato social. Cuando los enamorados logran mirar esa realidad aún cuando se disfrutan en el poderoso refugio blindado del amor, no dejan de sentirse amenazados y zozobrantes.

De ese modo toman conciencia de su vulnerabilidad. Pero ésta es mayor cuando saben que la felicidad que los invade depende, no solamente del mundo adverso, sino de esa persona con la que se embriaga de besos y arrumacos y que en cualquier momento puede decir no.

5.- El amor implica lealtad, pertenencia, camaradería, hondo sentimiento, preocupación por el cuidado y la felicidad del otro.

Quien ama ofrece, como dice Borges, “explicaciones de ti misma, teorías acerca de ti misma, auténticas y sorprendentes noticias de ti misma”. El amor multiplica a la persona y hace que en ella aparezcan personalidades desconocidas, versiones inéditas de sí misma, nuevos deseos que afloran intempestivos…

El gran ingrediente de la felicidad es ilusorio en el amor: aparecen en el amado cualidades que no existen. Un miserable puede convertirse en dios si alguien lo mira con devoción.

6.- Nadie es más sabio que el que comprende que su amor es único e irrepetible.

 


7.- Sin embargo, quizá todavía existan diferencias entre un hombre y una mujer respecto a decidir el momento o las razones en que se elige o se permite la entrada a una tercera persona. “Justo porque somos dueñas de nuestro cuerpo” -dice Gabriela Lara -, “cada vez estamos más conscientes y decidimos con quién, cuándo, cómo...y seguimos viendo al sexo de manera diferente. No como un deporte, sino como un momento, un lugar en el que afloran complicidades y surge el amor”.

Cuando no se trata de un vicio, de un insaciable consumo de cuerpos que hace de las personas objetos para satisfacer una obsesión o una adicción, como podría ser el caso más frecuente en los hombres que en las mujeres (aunque ya ambos se suben con igual frecuencia al carrusel del sexo), sino la de buscar un equilibrio emocional y un remedio contra esa casi insoportable fragilidad afectiva resultado del conflicto que les ha roto o roído el corazón. Ésta última será la apertura a una nueva disposición del cuerpo y el espíritu, una inédita permisividad que rompe códigos morales asfixiantes

8.- ¿Qué buscan, qué encuentran, quienes se aventuran en otras relaciones u otros encuentros con personas “no oficiales”? La respuesta tiene que ver con la persona que las busca - que suele tener demandas infantiles no satisfechas tales como deseos de ser amada incondicionalmente, protegida, aceptada, o poner a prueba sus capacidades de seducción, o comprobar que sigue siendo atractiva e interesante para otras personas, etc. - y colabora para que el encuentro se dé, o con los desgastes y deterioros del otro miembro de la pareja oficial con la que convive, con la circunstancia y los lugares donde se encuentran dos personas, con la permisividad o la libertad que haya alcanzado, o por la vulnerabilidad en qué se encuentre, etc.

O simplemente porque la persona es dueña de su cuerpo y decide ser vehículo de ese disfrute glorioso o esa catástrofe que es –o puede ser- el amor o el deseo.

9.- Existe, por supuesto, un amplio mercado de los cuerpos. Ahí se ofrece la belleza, el poder, el dinero, el placer, el currículum, la imagen pública, las cualidades, las soterradas habladurías, los secretos que devela el informante, en fin, lo que se entrevé y fascina. Anzuelos de infalibles carnadas. Y ya se sabe, la curiosidad siempre paga por ver. Y quien quiera azul celeste, que se acueste.

Pero la carne que se compra no puede ser amada ni puede exigírsele que nos ame por el sólo hecho de que nos pertenezca.

 


10.- El deseo quiere lo que el amor rechaza. El amor requiere estabilidad y eternidad.

El deseo irrumpe como una fuerza incontrolada en la estabilidad del orden. Chiva en cristalería, el deseo desbarata esas delicadas cosas que el amor ha ido coleccionando y que ameritan de sumo cuidado para su perdurabilidad.

El deseo rompe el discurso lógico e introduce problemas que no necesariamente intenta resolver. Juega sin reglas, trasgrede, desestabiliza; vuelve precario lo que estaba destinado a ser perdurable.

A través del deseo se posibilita la exploración de lo prohibido. El deseo es la aventura cuyo imán es poderoso: es la insinuación de la tragedia. Nos jala como los abismos o los cabes eléctricos. En el fondo de todo deseo está el dolor, es la máscara con que la muerte nos llama.

11.- Hay dos elementos que impiden las uniones felices: las tentaciones y las asintonías. El amor da vueltas, y en una relación, a lo largo del tiempo, puede variar la intensidad y la relación de poder entre ambos. Las mudanzas del corazón se parecen mucho a la rueda de la fortuna. De pronto, lo que era rechazado se torna amado y viceversa. Hay amores que al sepultarse, se siembran y en cualquier momento reaparecen florecidos.

12.- Época de transiciones la que nos ha tocado vivir. Y los cambios vertiginosos no los propician las grandes ideas o determinados partidos políticos sino –quizá posibilitados por ellos- la irrupción social de las mujeres. A cada paso que éstas dan reacomodan, enderezan, corrigen la inequidad que es la raíz de toda injusticia.

Los viejos códigos de comportamientos se rompen y se elaboran otros nuevos. Antes, las mujeres pertenecían a otro; ahora son de ellas mismas, independientemente de estar o no vinculados con ese otro. La abnegación sumisa se abandona por la igualdad y la autonomía. Hay quienes suspiran por la estabilidad que les daba los contratos de la pertenencia; ahora se aspira a estar libres aunque estén juntos.

El elemento crucial para ese cambio fue la absoluta convicción de ser ellas –y no las religiones o los estados políticos, o de los machos – las dueñas de sus cuerpos, que son al mismo tiempo, sus almas. Y ser ellas mismas en una dinámica social en las que son amas de casa, trabajadoras de casi todo tipo de oficios y profesiones, autónomas económicamente, usantes de anticonceptivos, les permite, si así lo deciden, vivir sin darle cuanta a nadie sino a sí mismas.

13.- De pronto, los que estaban soldados, se oyen decir con perplejidad: Ni yo mismo sé quien soy sin ti. Fuiste mi casa y yo la tuya, y sin embargo, al darle vuelta a la página somos unos desconocidos. Te descubro otra, hermosa todavía, pero ya incapaz de mirar en tus ojos los resplandores de la medianoche ni beber de tus labios el licor que me hacía decirte “eres mía, soy tuyo”. De nadie es la culpa: se detuvo la máquina fabuladora del amor, y henos aquí, mirándonos, desnudos en toda nuestra mísera y esplendorosa humanidad.

14.- El amante es aire, una válvula de escape y un desahogo de los tedios domésticos. Un amante puede ser un lujo o una calamidad, pero es siempre un factor que perturba el flujo de la vida. Desequilibra, divide, rompe o reacomoda a la pareja original, pero también trastorna a la pareja que con él se conforma.

Las personas cuando aceptan a un amante, luego de un período de incertidumbres y zozobras, con distintos grados de culpa, enojo o alegría, comienzan teniendo un notable aumento en la autoestima y muy pronto vuelve a activarse la máquina fabuladora de la ilusión. La novedad entusiasma y es antidepresiva porque se gana afecto, se expanden límites antes restringidos por lo doméstico y se conquista una ansiada libertad. Además, como en las aventuras del amor cortés o en las novelas de caballería o en las de príncipes, hay aventura y riesgo por las exigencias y sobresaltos de la nueva vida secreta. Y eso se disfruta. Hay tormento, por supuesto, porque existen nuevos conflictos morales y alteraciones en el orden rutinario de la cotidianidad, pero la excitación por la novedad lo compensa.

Para los náufragos del amor, abrazarse al cuerpo del amante resulta prodigioso. El amante es una tablita de salvación, un asidero que nos rescata de las asechanzas de la vida, un escudo protector. O una nueva catástrofe.

15.- Todo lo que se endiosa, se endemonia.

**Los libros de este autor, Alfredo Espinosa, se encuentran a la venta en Librería Kosmos, a un lado de las Fuentes Danzarinas.

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