Vuelco histórico ¿Tendrá continuidad?
Sin Retorno

Vuelco histórico ¿Tendrá continuidad? 29 de diciembre de 2019

Luis Javier Valero Flores

Chihuahua, Chih.

Desearles, con tanta antelación, parabienes para el próximo año, se explica porque la noche vieja nos llegará el martes. 

Hoy pareciera ser mejor oportunidad para reflexionar sobre lo ocurrido en el año que nos deja y atisbar sobre el próximo.

A diferencia de la mayoría de las reflexiones publicadas, la de ahora estará más impregnada de las concepciones personales, personalísimas, pues resulta casi imposible realizar lo que en la mayor parte de los casos se ha podido hacer, esto es, poner distancia de los acontecimientos y de sus protagonistas para tratar de ofrecer una visión lo más imparcial que se puede.

Lo vivido en estos primeros trece meses del gobierno de López Obrador es impactante. 

No sólo casi desarticula al régimen de partidos existentes -los que siguen existiendo, pero casi en la marginalidad a la que eran sometidos los de la oposición al régimen de la presidencia imperial, en el priato-, sino que trajo al primer plano, de todos los sectores sociales, la discusión sobre la “cosa” pública.

Hoy todo mundo discute, a favor o en contra, acerca las acciones realizadas por el gobierno de la 4T.

Lo ocurrido en estos meses es avasallante. No todo lo realizado por AMLO debe recibir el beneplácito. Una certidumbre sí le queda al escribiente: La de que AMLO queda a deber en el cumplimiento de un programa de izquierda.

Solo hasta ahora, muchos de nosotros nos percatamos que AMLO no comparte muchos de los planteamientos de esa izquierda.

Más allá de tales diferencias hay una quizá más importante: La de que no se podrá efectuarse ninguna gran transformación democrática en el país si se les deja a los operadores del antiguo régimen tal tarea.

Eso ocurre hoy a lo largo de todo el país. 

Al grito de que había de sumarse a todos los que se opusieran a la continuidad del régimen se han abierto, en demasía, las puertas del ejercicio público a quienes solo cambiaron de bando en los últimos meses previos a la lección presidencial.

Que realizaran tal viraje no es malo, el problema es que, como ha ocurrido en el país desde fines del siglo pasado -con la llegada de la alternancia partidaria en el gobierno- una buena parte de la clase política decidió realizar una ruta itinerante que abarcaba a cuanto partido político se les atravesaba -siempre y cuando percibieran que podían ganar la siguiente elección en ese organismo-. 

Como no se les exigía mayor identificación programática con el nuevo partido, tan solo la posibilidad de ganar la contienda, las candidaturas de Morena, y los puestos de gobierno otorgados por el gobierno emanado de este partido, se han visto abarrotados -como si fuera la Basílica de Guadalupe en plena celebración de la virgen “morena”- de integrantes de todo tipo de la clase política.

¿Los que ahí estaban eran “castos y puros”? ¿Todos?

Por supuesto, no, pero los que llegaban lo hacían sin cambiar, ni sus concepciones políticas ni, peor, las formas de operar políticamente. 

El mejor reflejo de ello es lo que ocurre al interior de Morena, a lo largo de prácticamente todo el país: Las disputas por las candidaturas futuras, por los cargos públicos; las decisiones en los órganos legislativos y los escándalos protagonizados por legisladores y funcionarios públicos del morenaje son penosamente frecuentes.

Lo peor está en la descarnada disputa por la presidencia del Comité Nacional, a la que López Obrador debiera poner punto final.

Es un escándalo y una vergüenza para la militancia, sin duda, lo mejor  en el triunfo de López Obrador.

¿Y porqué AMLO debiera ponerle punto final? ¿Acaso no es una incongruencia plantear tal pretensión, habida cuenta de tanto que se combatió la conjunción del partido gobernante y el gobierno?

El problema es que López Obrador diseñó -y se le dejó hacer- a Morena como el instrumento para acceder a la presidencia. Su voz era la definitoria. Hoy que no está, los que se quedaron han sido incapaces de mantener una vida institucional como partido, fracturado el Comité Nacional exactamente por la mitad ha impedido el regreso a la institucionalidad y la elección de la dirigencia de Morena en todos los niveles.

Tal cosa sucede a un año de que deban designar los candidatos a la Cámara de Diputados, a catorce gubernaturas, a alrededor de mil alcaldías y cientos de diputados locales.

Así, a la tarea casi única para la que ha servido Morena, la electoral, está a punto de no servir ni para eso, menos para acompañar al gobierno de AMLO, como un partido que sirva de guía, de vigilante y de reflexión a quienes llegan a los puestos gubernamentales y no solamente como el panegirista de la 4T.

Bueno, ese partido, si AMLO no interviene, no les servirá para la principal de las tareas electorales, mantener la mayoría en la siguiente legislatura y podrán encontrar muy duros obstáculos para darle continuidad a los planes de gobierno de López Obrador.

Lo que pondrá en riesgo la continuidad de los rasgos más positivos del gobierno de Andrés Manuel, como el de la austeridad y en la lucha contra la corrupción, la cercanía al pueblo, la abrupta disminución de los privilegios de los funcionarios, el flujo de dinero a los sectores y zonas más pobres y la paulatina recuperación económica de estos sectores, que poco impactan en las cifras macroeconómicas, -por los montos en relación al total de la producción nacional- pero que sí influye en las tienditas de “la esquina”, de la colonia, del barrio, o de los pueblos más pequeños del país entero, que confirman el dato de que en alrededor de la mitad de los domicilios del país vive alguien beneficiario de alguno de los programas de Bienestar Social de la 4T.

Es de tal severidad de la crisis económica padecida que, al llegar al gobierno, la izquierda que enarboló durísimas críticas a las políticas neoliberales (incluido el mismísimo presidente López Obrador), ahora se ufana de que las finanzas “se mantienen estables”, frase que criticaron hasta el cansancio en los sexenios de los gobiernos panistas, pero que contrasta con el cero crecimiento en el año que termina, ¡El más bajo en décadas!

Mantener los indicadores financieros no es un logro menor, obtenido a base de darle continuidad, en términos generales, a la política económica de los gobiernos previos.

Puede que el país no sea más rico, pero una parte de la riqueza, la que puede derivarse del gasto gubernamental, se ha repartido un poco mejor a través de los programas dirigidos a los sectores más pobres, especialmente a los indígenas; y también con becas, programas de capacitación laboral, subsidios agrícolas y pagos a los ancianos. 

En ese sentido, a pesar de que llegue a una parte menor de los asalariados, el incremento al salario mínimo se alza como una de las medidas más justicieras y correctas en la ruta de la mejor distribución de la riqueza.

La austeridad llegó al gobierno, pero solamente al Poder Ejecutivo, los otros poderes y los organismos autónomos han mantenido en lo general el sistema de privilegios. 

El presidente recortó su propio salario, se negó a vivir en un enorme complejo presidencial y toma vuelos comerciales en clase turista. También redujo los privilegios de los funcionarios gubernamentales.

Las desventajas del plan de austeridad son los recortes presupuestarios, que hicieron que los hospitales se quedaran por un tiempo sin personal ni medicamentos. El responsable del departamento de Medio Ambiente se quejó públicamente de que su presupuesto para 2020 era menos de la mitad que en 2015. Además, hubo fuertes recortes en la judicatura, en la agencia electoral federal, en los organismos autónomos y en los rubros dirigidos a los programas de seguridad pública de las entidades y municipios.

Desde el período de transición AMLO decidió apoyar la renegociación del TLC impulsada por el presidente norteamericano y Peña Nieto. Lo que ahora ha firmado México -el TMEC- es, en la práctica, la continuidad del tratado firmado por Salinas de Gortari.

Ello representa la plena aceptación de que no emprenderá efectuar un replanteamiento de la política económica de México, vigente desde mediados del gobierno de Miguel de la Madrid, pero tampoco ha emprendido la profunda reforma fiscal que el país, y no solamente el de mejorar el sistema de recaudación vigente.

Quizá sea en el terreno de la política en donde aparezcan los rasgos más criticables del actual gobierno. 

Estamos ante la presencia de un gobernante que muy poco tolera la crítica y la oposición y que, además, incurre en la misma conducta de quienes han llegado a la presidencia de la república, por lo menos en los últimos 80 años: Querer gobernar sólo con los cercanos a él, incluso a pesar de las no pocas ocasiones en que los designados no colman los requerimientos profesionales para el encargo.

Asombran los constantes errores en la comunicación y su permanente conducta de descalificar a quienes rechazan sus decisiones, actos o políticas, generalizando constantemente, actitud que una buena parte de sus seguidores más fieles replican, como si estuviera exento de cometer errores en la conducción del país. En ese afán de descalificar acuñó una de las frases más famosas de estos días: Yo tengo otros datos, usada hasta para desmentir los datos del INEGI, dirigido por alguien designado por él.

En esa actitud de antagonizar y descalificar ha coincidido con sus adversarios -y con una parte de la población, no debe olvidarse que, si bien tiene calificaciones muy altas, alrededor del 60-65%, implica que una tercera parte de la población no aprueba su gobierno- en contribuir a la extrema polarización del país.

Y si en la economía no pintan bien las cosas, o por lo menos como lo prometía, en el rubro de la seguridad están peor. 

No se ha controlado la delincuencia y la violencia en México. La tasa de homicidios del país subió un 2% en los 10 primeros meses de su año en el poder. Pueden alegar que ya detuvo el ritmo de crecimiento de los últimos años, pero el número de homicidios, con facilidad, rebasará los 30 mil.

Con López Obrador, las detenciones de capos del narcotráfico bajaron y las incautaciones de cocaína, heroína y metanfetaminas se redujeron en sus 10 primeros meses en el cargo, frente al mismo periodo de años anteriores.

Curiosamente, en sus 255 ruedas de prensa desde el pasado 1 de diciembre, nunca ha tenido palabras tan contundentes hacia los narcotraficantes como las que ha dedicado a sus críticos ú opositores.

El problema es para los sucesores, no hay, hasta ahora, alguno de sus compañeros que concite la simpatía de quien ocupa Palacio Nacional, ni su partido -Morena- aparece como el instrumento político capaz de capitalizar lo realizado hasta ahora.

Tendrán serios problemas en el futuro cercano, si no cambian.

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