Un amigo me contó

Un amigo me contó 30 de septiembre de 2019

Francisco Flores Legarda

Chihuahua, Chih.

Frente a ese rosal, uno dice "¡Que feas espinas!".
Un segundo dice "¡Que hermosas rosas!".
Un tercero dice: "¡Esas malditas rosas producen espinas!"
Un cuarto dice: "¡Benditas espinas que permiten sobrevivir a las rosas!"

Jodorowsky

 


Lo contó un amigo.

Llegué tarde a la marcha conmemorativa por los cinco años de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa. Se me fue. Cuando los manifestantes ya estaban en la plaza del zócalo, no lo sabía, salí del metro en la estación Allende. Bajo la errónea suposición de que la marcha seguía en curso a su destino, tomé camino hacia la avenida Juárez. Comencé a “leer” las pintas, lo que querían decir o dar a entender, acompañadas de una simbolización común, el de la A mayúscula encerrada en un círculo. Mostrar la identidad política con el anarquismo y sin el menor esfuerzo de explicarle al transeúnte qué es el anarquismo.

Entre el Eje Central Lázaro Cárdenas y Balderas, la avenida Juárez -recorrido turístico por excelencia de la Ciudad de México- con su oferta de tiendas, restaurantes, hoteles, librerías, sede de Juzgados y del Museo Memoria y Tolerancia, mostraba sus edificios dañados en sus fachadas. Unos más que otros. No había pánico, pero sí consternación de empleados. Una calma soportable e inexplicable en ese momento ¿Qué pasó? La policía haciendo reporte de daños. Trabajadores de CDMX recogiendo escombro y restaurando. La gente tomando fotografías.

Las pintas en contra del capitalismo, de la 4t, de Hernández Juárez. Murillo Karam, Tomás Zerón y Enrique Peña Nieto no estaban en la lista de adversarios de los anarquistas. Llamaron mi atención unas letras: Miguel Peralta +43. Un mensaje cifrado para cualquiera de los que deambulábamos por ahí.

A “googlear” se ha dicho. El buscador me lleva a la página KÉHUELGA.NET RADIO https://kehuelga.net/spip.php?article6453 publicación en homenaje a la huelga estudiantil de 1999 en la UNAM.

Allí se dice que Miguel Peralta Betanzos es un preso político oaxaqueño al que se le ha dictado una condena de 50 años de cárcel por los cargos de tentativa de homicidio calificado y homicidio calificado. A esta persona la agregan a los desaparecidos de Ayotzinapa -por eso +43- pero no está desaparecido, está en prisión.

Su caso es ajeno al expediente de la noche de Iguala. La condición exacta de su encarcelación a lo mejor lo hace elegible para ser beneficiario de la Ley de Amnistía que el Ejecutivo ingresó al Congreso en septiembre.

 


La autoridad tiene tecnología para encontrar las identidades que forman este colectivo embozado. Localizarles para fincarles cargos y evitarnos las etiquetas que son solo humo.

Al margen. Hay que recordar que han existido expresiones estudiantiles de protesta estigmatizadas en nuestra memoria colectiva. Por ejemplo, los “Enfermos” de las universidades de Sinaloa y Sonora.

También quienes tomaron el edificio de la Rectoría de la UNAM, Mario Falcón y Castro Bustos. Y de lo más cercano, el movimiento del CGH de fines del siglo pasado en la UNAM, la huelga que duró diez meses. Historias distintas al Movimiento del 68, a la postre, criadero de funcionarios o del CEU, con su generación de políticos y periodistas.

Lo que aquí pongo a consideración es insignificante ante el bombardeo de imágenes de la televisión concesionada y de las redes sociales. Caída la noche, el recordatorio de la noche de Iguala quedó empañado.

Salud y larga vida y luchar para vivir.

Profesor por oposición de la Facultad de Derecho de la UACH.

@Profesor_F

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