Chihuahua, Chih.
Al ordenar la detención de César Jáuregui, ex fiscal estatal, María Eugenia Campos no solo entregó en bandeja de plata al gobierno federal un trofeo que pulirán en Almoloya con harta saliva, sino que resquebrajó las expectativas de resistencia en la entidad norteña y a nivel nacional que tanto infló la oposición.
O Campos aseguró una embajada al estilo de los ex gobernadores priistas Claudia Pavlovich, Quirino Ordaz u Omar Fayad, o se sintió acorralada, desprotegida y amenazada por lo que dio un manotazo para sobrevivir.
Atrás quedó su encendida defensa de aquella acción en la sierra Tarahumara donde fue desmantelado un narcolaboratorio y en el camino de regreso en un accidente automovilístico murieron dos agentes de la CIA que participaron en la acción.
Entonces Campos desestimó el reclamo del gobierno federal de haber actuado por encima de leyes nacionales al permitir la injerencia extranjera en operativos internos.
"No es lo mismo desmantelar un narcolaboratorio y combatir al crimen de manera frontal como lo ha hecho mi Gobierno, que ser un Gobierno como los de ellos: con acusaciones graves de tener vínculos con el narcotráfico", repelió Campos a los morenistas en mayo pasado.
Su desplante la catapultó como la dirigente valiente de la que la oposición carecía. Algunos ya le preparaban sus videos para la campaña presidencial del 2030. Retó a la presidenta Claudia Sheinbaum y se colocó como su principal impugnadora desde un poder estatal.
Encandiló a muchos que supusieron tener a la Isabel Díaz Ayuso o a la María Corina Machado montada en campaña en el tren El Chepe.
Pero en medio de su propia sucesión en el gobierno estatal, decidió ir contra César Jáuregui, quien fuera su fiscal y durante muchos años su segundo de a bordo.
Jáuregui como fiscal encabezó aquel operativo de abril con los agentes de la CIA y asumió la responsabilidad de la acción renunciando a su cargo. Pero no aceptó los términos de la persecución que le impusieron y salió a desafiar en un video a la propia gobernadora.
"Quien no ha podido conquistar el corazón de la gente es capaz de recurrir a cualquier recurso con tal de alcanzar sus propósitos", lanzó en su video.
Y retó: "Si la Federación o el estado me fincan alguna responsabilidad, estoy listo para asumirla con orgullo. Nadie me va a hacer sentir fuera de lugar en mi propia casa... A mí no me van a doblar".
Su desplante duró 48 horas. Fue detenido en Chihuahua por policías bajo las órdenes de Campos.
Por la tarde, del pasado sábado 17, la fiscal Ernestina Godoy dijo que Jáuregui será procesado, además, por traición a la patria.
El 19 de abril pasado cuando fue el operativo con los agentes de la CIA, Maru Campos estaba en la Feria de San Marcos, en Aguascalientes.
El sábado pasado a la hora que detenían a Jáuregui, la gobernadora estaba en la primera fila, como invitada de honor, en el informe parlamentario de la diputada Margarita Zavala, en la CDMX. Otra vez, no estaba en Chihuahua.
El PAN ha sido estremecido por este asunto que huele a pacto o a rendición. El presidente nacional del PAN, Jorge Romero, no ha dicho nada. Quedó mudo.
Y Ariadna Montiel, la presidenta de Morena, sonríe con los tres regalos recibidos: la pulverización de la oposición en Chihuahua que le acerca la silla de gobernador para Cruz Pérez Cuéllar; el desdibujamiento de Maru Corina Machado antes de subir a cualquier contienda. Y la ratificación de que Morena y el gobierno federal tenían razón. El operativo de la Tarahumara fue un acto ilegal, según validó la Fiscalía estatal que le escribió el prólogo a la sentencia de la 4T que acusa traición a la patria.
Las agencias estadounidenses seguramente ya recibieron el mensaje. Los opositores demudados recogen las lonas y borran los posteos de contraste con la 4T.
César Jáuregui es traidor a la patria, con todas las de la ley. Maru no.
Ella, según algunos de sus colegas panistas, es traidora pero de su partido.
*Publicado por Reforma el 19 de octubre de 2026