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Se atrinchera 19 de enero de 2023

Luis Javier Valero Flores

Chihuahua, Chih.

Guardarse, protegerse, mantenerse en una posición o en una actitud con tenacidad exagerada: RAE

En lo que fue el primer gran reacomodo del equipo de la gobernadora Maru Campos se advierten dos grandes rasgos -además de los que se le pudieran añadir a movimientos tan importantes en el gabinete del Gobierno de Chihuahua-, a saber: Primero, el reconocimiento implícito de fallas cometidas en el tiempo de su gestión y, segundo, el acuerpamiento con los de mayor confianza.

Maru recurrió a rodearse, en el mayor número de puestos, de los más importantes, por quienes se han desempeñado con ella en la función pública, o electoral, en los años recientes, entre ellos por Mario Vázquez, a quien se le había ubicado en el no menos importante cargo, en el Congreso del Estado y a Carla Rivas, ahora diputada local con licencia, quien se había mantenido en las cercanías o en las entrañas del equipo gobernante.

No es el caso de Santiago de la Peña, cuya cercanía con Campos es por otras razones, más del ámbito personal, pero igualmente destacables, en función de la confianza existente entre ellos.

Destacan dos movimientos a cual más de importantes. 

Por un lado, la remoción del fiscal Roberto Fierro y el nombramiento en su lugar de uno de los dos más destacados operadores políticos del equipo gobernante, César Jáuregui, lo que generó la llegada al grupo maruquista de quien se había desempeñado eficientemente como secretario del ayuntamiento capitalino, Santiago de la Peña, con lo que se coloca, en un santiamén, en el escalón más alto de su carrera curricular en la función pública.

No sin razón se le podría ubicar, desde ya, como una de las cartas que tendría a la mano la simbiosis local del PAN-PRI en la sucesión del 2027, ya que, contando con un añejo pedigree, de los militantes del viejo partido, del viejo régimen, que mejor se ha acoplado a los nuevos tiempos en los que el blanquiazul se ha convertido en el partido más importante de la oposición en el país y en los momentos en los que, prácticamente todo, en el mundo de la política, tienen que ver con la sucesión presidencial del ’24.

Si bien ya teníamos en el tablero serios antecedentes, en la actual administración, de que las cosas en seguridad pública no funcionaban bien -por segundo año consecutivo en el 6o. lugar nacional en el número de homicidios y en el tercero o cuarto en la tasa por cada 100 mil habitantes- el motín fuga del penal 3 de Juárez en la alborada del año, hacía insostenible la estancia de Roberto Fierro en la fiscalía.

Agréguese el asesinato de los sacerdotes jesuitas y del guía turístico en Cerocahui.

La olla de corrupción de esa cárcel era incompatible con la permanencia, no sólo de Fierro, sino de prácticamente todos los mandos de la fiscalía estatal en Juárez. 

Su permanencia era, a pesar de los hallazgos dados a conocer por el periódico capitalino Reforma, a partir del estudio de los documentos difundidos por los Guacamaya Leaks, en los que se demuestra que la fiscalía chihuahuense solicitó a la Guardia Nacional y a la Secretaría de Seguridad Ciudadana (del ámbito federal), muy temprano en 2022, el traslado de 300 reos federales de elevada peligrosidad, a otros penales con mejores niveles de seguridad, el incremento constante en los índices homicidas justificaban la puesta en marcha de mecanismos que deberían incluir la remoción de Fierro.

Queda en el aire la idoneidad de Jáuregui en ese puesto, no obstante su larga experiencia en el “manejo” de las crisis y problemas a los que debió enfrentarse en su larga experiencia como secretario de los tres ayuntamientos más importantes de la entidad, Juárez, Delicias y Chihuahua.

Deberá desplegar toda su experiencia y capacidad para enfrentar uno de los flagelos más serios a los que se han enfrentado los gobernantes chihuahuenses de las últimas dos décadas, la inseguridad, en una tarea en la que los gobernantes de Chihuahua están en franca desventaja, no sólo en materia de equipamiento, número de elementos, logística, inteligencia, pero, sobre todo, por la ausencia de una real coordinación con el gobierno federal, de lo que ha adolecido la entidad pues, por una razón o por otra, los sucesivos gobiernos de la república no se han coordinado con los estatales, o al revés, que también ha ocurrido, y no tan infrecuentemente como se deseara.

Y como ocurre en casi todos los equipos gobernantes, quienes llegan a los puestos arriban con escasa experiencia en ellos; podrán, como en el pasado, en el régimen del “partido casi único”, en el que, por virtud de la designación del titular del Poder Ejecutivo en turno, los “agraciados” cumplían con todos los requerimientos que el cargo exigía.

A lo mejor eso ocurre en todas las democracias del mundo y algunos estemos apostando a algo simplemente irrealizable.

El domingo volvemos a lo que ha sido materia frecuente, los problemas de la seguridad pública en Chihuahua, ahora agravados.

*Columna de Plata-APCJ: 2008, 2015, 2017 y 2022

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Fuente de citas hemerográficas: Información Procesada (INPRO)

https://www.inpro.com.mx

Luis Javier Valero Flores

Director General de Aserto. Columnista de El Diario