Roma

*Tomada de su muro en Facebook

query_builder 18 de diciembre de 2018
Chihuahua, Chih.

La chica del servicio doméstico se sienta con la familia... muy poco tiempo. La esposa del patrón le dice: "Prepárale un té al señor". Es la misma mujer que le prohíbe encender la luz para no gastarla. Es la misma familia que deja las luces encendidas, sin importar ese gasto. Luces que Cleo, la protagonista de Roma de Cuarón, debe apagar.

Cleo se la pasa apagando y encendiendo luces que no son propias: educa los hijos de otros, les lee cuentos, los duerme, los salva literal y simbólicamente. Limpia las heces de un perro que, al igual que ella, es visto por esta familia como utilería.

Quien diga que esta cinta idealiza la relación Patrón-Servicio doméstico, le hace falta un poco de análisis a los detalles. Quien diga que esta cinta es aburrida, no sólo le hace falta análisis a los detalles, sino a sus propios recursos emocionales.

En una época en la que todo debe divertirnos, en la que es mejor ver la película que leer el libro, en la que hasta los museos son "interactivos"; el recurso más común es: si tienes un poco de mi tiempo, es para que me entretengas. Así, con luces y contadito; interactivo y alteradito.

Entonces uno va a una galería en la que puedes tocar y aprender, y todos ríen, pero una en la que debes contemplar, pues resulta aburridísima.

¿Cómo me pides usar dos horas de mi tiempo frente a un cuadro o una obra a la que hay que interpretar? ¿Dónde están los botones para activar emociones procesadas?

Y es curioso porque muchos de los ofendidos por no entender Roma la acusan de ser una obra para hipsters, de la generación de Instagram, y aunque algo hay de eso, este país es uno en los que hay más museos en el mundo, y éstos son gratuitos los domingos. Es decir, la sensibilidad artística no es cosa de élites, sino de despertar ese interés. Cualquiera puede visitar un museo y contemplar. Pero ese plan, contra el de ir a un centro comercial a comer y excitarse, parece aburrido para quien no se lo ha permitido, para quien no se le ha enseñado. Tan aburrido como la película de Cuarón.

Leía que uno los conflictos con el público de esta película era precisamente el de Netflix, que te da entretenimiento sin mayor esfuerzo. Una película que requiere cierto análisis, como no pensar en un guión digerido, sino encontrar en "lo no dicho" el discurso narrativo, pues contradice al propio servicio streaming. Ahí pudo estar una falla, pero también un acierto: es una buena forma de que algo así llegue a cientos de salas, y no se quede en 60.

Al final, puede parecer pretenciosa, aburrida, de hueva. Pero algo habrán visto que, de otra manera, no hubieran podido contemplar en un aparador de un centro comercial.

Un aplauso por eso. Por lo demás.

- En México (como en muchas partes del mundo) las mujeres de servicio regresan a sus cuartitos al final de la "función". Esa que les permite tener vida sólo un día a la semana.

- Las personas como Cleo migran y huelen el aire libre con cierta nostalgia. Dicen: "Huele a mi pueblo". La migración mueve a muchos por necesidad, a pesar de todo lo que dejan.

- Los hombres, como su pareja, abandonan a mujeres; los hombres como el esposo de su patrona también abandonan. Los hombres no son responsables, violentan con dinero, con infidelidades, con alejarse. Las mujeres son fuertes y se reconstruyen.

- Muchas mujeres tampoco sienten ese famoso "instinto maternal", dudan y sufren ante la posibilidad de ser madres o estar solas ante ese desafío. Se les cimbra la tierra y las entrañas ante eso.

- La gente de dinero no siempre apaga sus incendios.

- Los niños que juegan en haciendas y los de zonas urbanas apartadas son iguales en esencia, pero tendrán obstáculos diferentes. Algunos serán cineastas, otros serán estudiantes asesinados y unos más serán utilizados para reprimir.

- Las mujeres como Cleo se avientan al mar a pesar de no saber nadar. Porque deben hacerlo, incluso en contra de su propia vida.

Cleo es mujer, pobre e indígena.

Y es la protagonista de esta cinta. Esta vez no son ricos que se hicieron pobres para aprender, ni guiones idealizados de Martha Higareda o chistosos de Eugenio Derbez. Tampoco es crueldad documentada. Una manera de dignificar al otro es darle voz, pero no desde el asistencialismo o lo sensiblero (no diciendo: "oh, mira, pobrecito"), sino desde la integridad.

Cleo es íntegra. Sin más.