Pancho Villa y sus manipuladores

Pancho Villa y sus manipuladores 19 de julio de 2019

Víctor Orozco Orozco*

Chihuahua, Chih.

La figura de Francisco Villa sobre todo en las últimas décadas, ha sufrido toda clase de falsificaciones, manipulaciones, tergiversaciones y manoseos.

Uno de los usos más burdos ocurrió durante la pasada administración estatal del gobernador César Duarte. En proporción a su megalomanía, el político quiso emparejar su imagen con la del famoso guerrillero. Impulsó homenajes, patrocinó museos dedicados a su memoria, colocó una enorme pintura del personaje tras de su escritorio, de seguro con el propósito de trasmitir el mensaje de que despachaba los asuntos oficiales bajo el amparo y la sombra del Centauro del Norte y bajo su inspiración.

De igual manera, proyectó trasladar el mausoleo que el mismo Villa mandó erigir en el antiguo panteón de la Regla de la capital, disponiendo que allí se depositaran sus restos, quizá temeroso de que la posteridad no lo recordara. Duarte quería colocar el edificio cerca del Palacio de Gobierno, en el escenario político más visible y significativo del estado de Chihuahua, aunque no lo logró por la oposición suscitada. Hasta se hizo retratar cabalgando como si fuera el jefe de la División del Norte.

La obra magna, para acrecentar su propia gloria, fue ordenar la construcción de una estatua faraónica en su ciudad natal y en la cual el general Villa fue asesinado en 1923, cuando se había convertido en el gran latifundista de Canutillo.

El tamaño del corcel con su jinete, se dijo y se dice que es la efigie más grande del mundo. Y puede ser, pues todas las casonas que la rodean, simbólicas del Parral antiguo, se asemejan a viviendas de pigmeos y a uno de éstos se parece la vecina escultura de Benito Juárez, cuya alzada si acaso llega a la rodilla del caballo villista.

No le alcanzó el tiempo al ahora prófugo gobernador para subir la titánica estatua -quien según expertos carece de valor artístico- en el gigantesco pedestal, para doblar su altura. Allí ha quedado por ahora, dando lugar a una acre polémica.

Unos, mejor avisados e informados, desde el principio se percataron de los fines inicuos del exgobernador, que dañan además el entorno urbano de la vieja ciudad al colocar el adefesio en un lugar histórico de la misma y propusieron o la destrucción del monumento o su traslado a otro sitio de fuera, aunque ya Parral tiene en su entrada otra gran estatua al guerrillero. Para otros muchos, sin embargo, dejar allí al Pancho Villa que empequeñece a los signos del entorno, testimonios de la densa historia centenaria de Parral, representaría tal vez mayores ingresos turísticos y en todo caso serviría para alimentar presunciones de grandeza.

Y hete aquí la llegada de un continuador duartista, el senador Cruz Pérez Cuellar, ex dirigente y legislador panista y hoy flamante senador de la cuarta transformación. Aprovechando las lecciones de su amigo y socio, quiere valerse de nuevo del emblema villista. Como otros, sabe o intuye que éste todavía da para mucho más, pues hace ya buen rato que la leyenda y el mito que rodean al general, han sobrepasado con creces al personaje real para convertirlo casi casi en un milagroso miembro del santoral popular.

Con desfachatez, el senador ¿Morenista? se ha dedicado a juntar firmas para promover ante la cámara de la cual forma parte un acuerdo en el cual se fije para siempre el Jardín Juárez de Parral el sitio en donde debe quedar el coloso. Dice que lleva ya diez mil apoyadores.

Quienes han suscrito la petición ignoran con seguridad que no es facultad del Senado de la República meterse con monumentos y regulaciones urbanas, aunque la oportunista maniobra preelectoral de Pérez Cuellar, sea apoyada por su líder Ricardo Monreal. Pero, sobre todo y esto no sé si lo ignoran o lo pasan por alto, la iniciativa del senador de marras tiene poco o nada que ver con ofrecer un nuevo honor a Francisco Villa, sino con el muy obvio hecho de hacer politiquería para engañar incautos y hacerse de eventuales votos o apoyos en su ambición de convertirse en gobernador del estado.

El ejercicio de la actividad política, tiene facetas enaltecedoras para quien lo practica, cuando es acompañado por la excelencia de miras y por un genuino interés de servicio a la colectividad. Es ruin, cuando se explotan y alimentan creencias religiosas y mitos populares para encumbrarse o mantenerse en los puestos públicos.

La reciente ópera cantada en el Palacio de Bellas Artes en honor del Apóstol de Jesucristo y líder de la iglesia la Luz del Mundo, hoy preso por delitos sexuales, acto organizado por funcionarios y políticos de la nueva administración y congreso federales, es uno de estos últimos casos.

La reunión de firmas del senador Pérez Cuéllar, asume una condición no tan lejana: utilizar el culto a una figura cercana a una amplia franja de la población, para sacar rajada política.

Tal y como lo hizo César Duarte.

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