Chihuahua, Chih
Operaciones militares conjuntas en la región
La operación militar conjunta entre los Estados Unidos y las nuevas autoridades chavistas a cargo en Venezuela, neutralizó a Héctor Rusthenford Guerrero Flores, líder de la organización criminal conocida como Tren de Aragua, en un “ataque militar rápido y letal” como lo calificó Donald Trump por medio de una publicación en su red social, Truth Social.
El ataque fue confirmado por las mismas autoridades venezolanas, sin embargo, omitieron la participación de personal militar estadounidense en el mismo, asegurando que se trató de una “operación combinada” entre ambas naciones, sin la presencia estadounidense en suelo venezolano.
La publicación de Trump tiró por la borda la declaración del gobierno venezolano encabezado por Deisy Rodríguez, tras la captura de Nicolás Maduro en una extracción militar en enero pasado.
El caso de Maduro ejemplifica la nueva estrategia de seguridad estadounidense para la región, siendo esta una combinación de política de mano dura contra el crimen y lenguaje belicoso, aunado a una serie de acciones militares en el continente, realizadas con el aval de distintos gobiernos latinoamericanos regionales.
Ejemplos, los podemos encontrar en las operaciones militares en contra de objetivos considerados como prioritarios en Ecuador, donde el pasado mes de marzo se realizó una serie de bombardeos contra laboratorios del crimen organizado con apoyo del Comando Sur de los Estados Unidos (SOUTHCOM).
En El Salvador se han realizado operativos de alto nivel en contra de las estructuras criminales locales con apoyo logístico e inteligencia proporcionada por el gobierno estadounidense, en Guatemala donde según un reporte de The New York Times, el gobierno de Bernardo Arévalo dio su venia expresa para efectuar ataques contra el crimen efectuados por parte de personal militar estadounidense y sumado a la lista, la reciente operación efectuada el pasado 12 de junio en el sureste de Venezuela, en la cual se “eliminó” en palabras de Trump, al líder de una de las organizaciones criminales de más rápida expansión en el continente, eleva la presión sobre nuestro país y sobre el gobierno encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum.
Trump en reiteradas ocasiones ha ofrecido asistencia militar, principalmente de carácter aéreo, aunado a sus amenazas a realizar una serie de bombardeos y ataques vía terrestre sobre estructuras del crimen organizado en nuestro país.
Una propuesta rechazada en diversas ocasiones por la presidenta Sheinbaum, alegando una severa violación de la soberanía nacional y el derecho internacional. Sin embargo, las leyes estadounidenses permiten realizar ataques en el extranjero si así lo consideran necesario para preservar la seguridad nacional.
América Latina como laboratorio de pruebas de la estrategia de seguridad trumpista
En la operación militar en la que se neutralizó a Guerrero Flores, alias el Niño Guerrero, hay dos lecturas a observar: la primera es el cambio en la estrategia de seguridad en América Latina durante el segundo mandato de Donald Trump.
La designación de los cárteles de la droga y de otras organizaciones criminales transnacionales como el Tren de Aragua (TDA), marcaron el rumbo de la estrategia seguir. En nuestro país, la presión se ha elevado a la estructura político-partidista-electoral de Morena, con las acusaciones presentadas en contra del ex gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya y su círculo cercano.
Cabe recordar que fue Rolling Stone, la primera publicación en reportar acerca de los “planes de batalla” de Trump en marzo de 2023, en donde funcionarios estadounidenses evaluaban la opción de ejecutar ataques y operaciones militares en suelo mexicano.
Una idea que pasó de la campaña electoral a convertirse en una posibilidad en el segundo mandato de Trump, con las incursiones militares en Venezuela y la autorización expresa por parte de los gobiernos latinoamericanos en la región, así como la reconfiguración del espectro político en el continente, donde la izquierda ha retrocedido frente a la derecha en la región, redirigiendo a países con gobiernos de izquierda a adoptar una posición más alineada con los Estados Unidos, específicamente con el ala trumpista.
Una segunda lectura, consta en observar los recientes triunfos electorales de la derecha en naciones latinoamericanas como Bolivia, con Rodrigo Paz, quien prometió fortalecer la cooperación con los Estados Unidos, fomentar la inversión extranjera y restablecer nuevamente las operaciones diplomáticas y consulares estadounidenses, así como dar el visto bueno a las operaciones de la Agencia Antidrogas estadounidense (DEA), vetadas en el país durante los gobiernos de Evo Morales (2006-2019) y Luis Arce (2020-2025).
En Colombia, se vislumbra un eventual triunfo del candidato de la derecha, el empresario y abogado penalista, Abelardo de la Espriella y recientemente en Perú, con Keiko Fujimori, hija del finado dictador peruano Alberto Fujimori (1990-2000), a la cabeza de una contienda electoral cerrada versus el candidato del castillismo Roberto Sánchez, lo que demuestra que el giro ideológico en Latinoamérica, pasando del progresismo y el eventual avance de la derecha, representa un factor clave en la alineación de naciones latinoamericanas con los Estados Unidos, formando parte de su área de influencia en el hemisferio.
La iniciativa Escudo de las Américas, es el ejemplo más ilustrativo que sustenta esta afirmación, ya que en la fecha en que se suscribió el acuerdo de defensa y cooperación mutua, dos de las economías más consolidadas del continente estuvieron ausentes en la iniciativa (México y Brasil), así como también Uruguay, países gobernados por la izquierda progresista, además resaltó la ausencia de Cuba y Nicaragua, dos naciones con regímenes dictatoriales de corriente izquierdista.
La presión estadounidense sobre la isla caribeña aumenta las especulaciones acerca de un eventual colapso del régimen castrista. Siendo Nicaragua, gobernado por el clan familiar de los Ortega, el siguiente régimen dictatorial en la diana del trumpismo en el continente.
Una advertencia para México: intervención o cooperación.
Las presiones por parte de las autoridades estadounidenses sobre sus pares mexicanos elevan la presión en el aparato político y electoral del partido gobernante de México, Morena, el primer gobierno emanado del espectro ideológico de la izquierda en nuestro país.
El cambio en la estrategia de seguridad, en la oficina encargada por el secretario de seguridad y protección ciudadana, Omar García Harfuch, dista de la estrategia empleada por sus predecesores Alfonso Durazo y Rosa Icela Rodríguez, actual secretaria de gobernación.
De acuerdo con un reporte de Los Angeles Times, Alfonso Durazo, actual gobernador de Sonora se encuentra bajo investigación de las autoridades estadounidenses al igual que su homólogo, el gobernador de Tamaulipas, Américo Villarreal.
Durante el mandato de Sheinbaum, las cifras de delitos de alto impacto han disminuido a diferencia de su predecesor, Andrés Manuel López Obrador. El cambio en la estrategia de seguridad, así como la cooperación con las autoridades estadounidenses, han colmado las inquietudes de Trump de manera momentánea.
En la práctica, Trump ha utilizado a nuestro país como blanco de ataques en sus tres últimas campañas presidenciales, como en sus dos mandatos presidenciales. Haciendo uso de la Guardia Nacional mexicana para servir como barrera de contención para las oleadas migratorias en el sexenio de López Obrador, sumado a las tensiones en el conflicto acuífero de la presa La Boquilla, así como el actual viraje en la estrategia de seguridad, es más parecido a la puesta en práctica durante los gobiernos de la alternancia democrática (de 2000 a la fecha), en específico, la ruta seguida por el ex mandatario Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012) que a la de su mentor y antecesor en la presidencia de la República Andrés Manuel López Obrador (2018-2024).
Poniendo de manifiesto, que el discurso nacionalista enarbolado por la dupla López Obrador-Sheinbaum Pardo se queda corto ante la realidad, queda claro más que nunca que México es la piñata favorita de Trump.
Negar la realidad ante lo inevitable corresponde a un grave error y a una irresponsabilidad política. Una serie de ataques militares y operaciones del más alto nivel en nuestro país se convierte en una eventual posibilidad en un futuro cercano, si los objetivos en materia de seguridad planteados por Washington no son alcanzados en el tiempo y forma establecidos, acorde a los factores ideológicos y geopolíticos alineados al trumpismo en el continente.
En el segundo mandato de Trump, el narcoterrorismo ocupa el espacio central en la conversación, ya no es el extremismo islámico que mantenía ocupados a sus antecesores en Oriente Medio, sino el crimen organizado transnacional, específicamente los cárteles mexicanos de la droga, siendo estos las estructuras criminales de más rápido crecimiento a nivel internacional.
Por lo tanto, Trump, fiel a su personalidad histriónica y mediática, convertirá cualquier ataque militar en suelo nacional, en un gran espectáculo, tal como lo hizo en Venezuela con la captura y extracción de Maduro y en las incursiones militares en Irán, al anunciar los bombardeos contra centrales nucleares en junio de 2025 y la muerte acaecida en febrero de este año del líder supremo, Ali Jameneí, en un ataque militar conjunto entre los Estados Unidos e Israel, en Teherán.
Desarticular al crimen organizado sin la opción militar de Trump, es el reto principal de la administración de Sheinbaum, que pone en entredicho el legado de López Obrador y la continuidad de la denominada Cuarta Transformación, un legado ensombrecido por el presunto entramado criminal de Rocha Moya y de sus aliados en el gobierno de Sinaloa.
En esta encrucijada, México se encuentra en medio de la narrativa militar de Washington, una combinación de retórica beligerante y con aires de expansionismo militar (véase el ejemplo de Groenlandia, el denominado Golfo de América o las declaraciones de Trump ante una improbable anexión canadiense hacia el territorio estadounidense) y un nacionalismo populista y demagógico encabezado por Morena, sin lograr convencer a Washington de que la escalada militar es la última alternativa a la que deben recurrir, si desean tender puentes comerciales y económicos entre ambas naciones, así como seguir gozando de una buena vecindad.
La opción militar debe de ser el último recurso al que debe acudir Washington, de lo contrario la relación bilateral, sufrirá gravemente las consecuencias, siendo principalmente la población de los países que conforman la relación trilateral compuesta por el Tratado Comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), quienes resentirían con intensidad a su bolsillo los efectos de las tensiones político-comerciales con los Estados Unidos, nuestro principal socio comercial.