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Mario Vargas Llosa: 85 años

Mario Vargas Llosa: 85 años 29 de marzo de 2021

Hernán Ochoa Tovar

Chihuahua, Chih.

“Vargas Llosa es un buen escritor, pero un mal político”:

Andrés Manuel López Obrador (Presidente de México)

El Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, llegó este 28 de marzo a su aniversario número 85. 

Ello me lleva a reflexionar acerca de la fecunda trayectoria del escritor, emblemático representante del “Boom Latinoamericano” y quien ha destacado en la literatura, en el análisis y el quehacer político; teniendo, en esta última faceta, un conjunto de luces y sombras que pueden resaltar en su amplio currículo.

Quien esto escribe, admira de Vargas Llosa su obra literaria. 

A pesar de que sus textos más afamados son los de su obra temprana, incluso juvenil (“La Casa Verde”, “La Ciudad y los Perros”) personalmente, suelo preferir la obra del Vargas Llosa viejo (“La Fiesta del Chivo”, “La civilización del espectáculo”, “Tiempos Recios”); en detrimento del joven. 

Ello porque, desde mi perspectiva en particular, aunque el autor peruano siempre resalta por la pulcritud y la impecable elaboración de sus textos, su obra tardía resulta más sencilla de leer. Debo confesar que, tanto “Conversación en la Catedral” como “La Casa Verde” me parecieron libros perfectamente logrados, donde el lector puede reconstruir los universos que Vargas Llosa recrea a través de las palabras; sin embargo, los encontré un tanto complejos y cansinos, por su estructura tan densa, llena de recovecos. 

En cambio “La Fiesta del Chivo” -libro del que supe a raíz de que la periodista Carmen Aristegui dijera, alguna vez, que era uno de sus obras predilectas- “La Civilización del Espectáculo” y “Tiempos Recios” condensan lo mejor de la obra vargasllosiana. 

Escenarios complejos (el relato político es persistente en sus relatos), pero visibles y disfrutables para el receptor. 

En el primer texto, el peruano recrea, con maestría, la cotidianidad de la República Dominicana en los tiempos del “Generalísimo” Rafael Trujillo, dictador quien, durante 31 años (1930-1961) gobernó con mano de hierro -y con el apoyo de los Estados Unidos- aquella ínsula caribeña; en “La Civilización del Espectáculo”, el literato peruano hace una crítica punzante a la sociedad contemporánea, inmersa en la banalidad y en lo efímero, más preocupada por el show que por abrevarse de saberes que puedan ser útiles y trascendentes; por llamar la atención a como sea, en lugar de resaltar por hechos relevantes y sustanciales; en tanto, “Tiempos Recios” resulta, a mi juicio, “la joya de la corona”: una novela en la cual Vargas Llosa resume lo mejor del presente y del pasado, para retratar la Guatemala de la volátil “Revolución Guatemalteca”: un sitio donde Jacobo Árbenz Guzmán, un coronel idealista, perteneciente a la aristocracia guatemalteca, pero preocupado por el devenir de su país, intenta llevar a cabo cambios profundos apegado en la legalidad, pero con mucha mano izquierda. 

Su valioso intento fue incomprendido por la propia oligarquía (beneficiaria de los cafetales); parte de la Iglesia Católica (que vio en su “comunismo” un peligro para la Patria); de las Fuerzas Armadas (que terminaron conspirando contra él); y, sobre todo, de los Estados Unidos, quienes compraron el relato de la United Fruit Company, donde se decía que el célebre coronel pretendía instaurar un régimen comunista a las puertas de Centroamérica, cuando lo único que deseaba era una suerte de reformismo a la Roosevelt (según el propio Vargas Llosa) y el propio gobierno norteamericano fue víctima de la infodemia propagada por los voceros de las bananeras, en los propios medios de comunicación norteamericanos, buscando proteger sus intereses. 

Con este libro, Vargas Llosa corona su trayectoria, y -dicho sea de paso- trata de reivindicarse con la izquierda; hecho que, explicaremos con mayor detalle, en los siguientes párrafos.

Como podemos ver, Vargas Llosa indudablemente ha tenido una gran trayectoria literaria, la cual lo llevó a estar, desde muy joven, en la cresta de la ola de la literatura. Empero, al igual que muchos autores de su generación, el peruano llevó a mezclar su escritura con su compromiso político. 

Esto lo llevó, al igual que otros autores latinoamericanos (Mario Benedetti, Carlos Fuentes Gabriel García Márquez, destacadamente) a abrazar la causa de la Revolución Cubana, a partir de 1959. 

Pero, mientras el grueso de los nombrados, permaneció fiel a la revolución hasta el fin de sus días (el buen Gabo, incluso, podía jactarse de haber sido amigo del Comandante Fidel Castro), Vargas Llosa tuvo, con el proceso cubano, una suerte de ruptura temprana. 

La discordia que se generó en torno al tristemente célebre “Caso Padilla”, llevó a Vargas Llosa a romper lanzas con el gobierno de la Revolución; pasando de gran simpatizante a fuerte crítico. 

Al mismo tiempo, el pensamiento político de Vargas Llosa fue sufriendo, a la hora de su madurez, un giro de 180 grados: si en su juventud podía visualizarse en él un pensamiento de izquierda; en su edad adulta fue acercándose un tanto al liberalismo; para pasar a arañar, en su edad adulta, un pensamiento que se acerca bastante al de las derechas mundiales y continentales. 

De admirar a Fidel Castro y el Che, en sus años mozos; pasó a ser defensor de Margaret Thatcher, Adam Smith y Milton Friedman en uno de sus últimos textos; al tiempo que, en la primera década del siglo XXI, creaba -junto al ex Presidente salvadoreño, Francisco Flores- la “Fundación para la Democracia”, una suerte de think tank para oponerse a los gobiernos de izquierda “populistas”, a algunos de los cuales, por cierto, el autor peruano ha parecido ser alérgico.

Sin embargo, ya desde la década de 1980, parecía ser afecto al modelo neoliberal, que en ese entonces estaba en ciernes. Duro crítico del desaparecido ex mandatario del Perú, Alan García (a quien fustigó por las nacionalizaciones de bancos, la hiperinflación y la crisis que asolaron el país andino durante el decenio en cuestión), Vargas Llosa fue candidato a la presidencia de su país por el Frente Democrático Nacional (FREDEMO), una suerte de coalición de derechas para hacerle frente a Alberto Fujimori, ingeniero y académico peruano que resultaba el candidato a vencer. 

Es de destacar que el escritor venció en la primera vuelta de las elecciones. 

Sin embargo, no logró remontar en la segunda fase. 

De acuerdo a algunos analistas, esto se debió a la agenda neoliberal que Vargas Llosa ya cargaba bajo el brazo, pues, mientras Alberto Fujimori, habló “con pinzas” de un modelo de choque económico para solucionar la decadente economía peruana; Vargas Llosa defendió el programa de ajustes con todas las letras y sin esconder un ápice su convencimiento. 

Ello le granjeó enemistades en una parte del electorado, pues no querían elegir a un Presidente que abiertamente les hablara de introducir aquellas medidas impopulares. Prefirieron elegir al candidato que utilizó la retórica mejor, pero que, a final de cuentas, terminó haciendo lo mismo.

En cuanto a nuestro país, podemos visualizar en el pensamiento de Vargas Llosa los mismos claroscuros. Si bien criticó la Presidencia Imperial (“la Dictadura Perfecta” dixit) y festinó la victoria de Vicente Fox (2000); no pudo concebir la eventual victoria de AMLO, encuadrándolo en el mismo saco del derrotero que han padecido otras naciones latinoamericanas, urdiendo la defensa de la “democracia y la libertad”. 

Aunque posteriormente lo felicitó; una vez instalado volvió a la carga, utilizando para ello, un foro de la Universidad de Guadalajara. A todo esto, el Presidente López Obrador le dedicó una punzante e interesante frase en la mañanera posterior al encuentro en mención “Vargas Llosa es un gran escritor, pero un mal político”; aforismo que puso a pensar a tirios y troyanos.

En suma, creo que Vargas Llosa es un gran escritor, aunque no coincida con su ideario político contemporáneo. 

Debo decir, suscribo el planteamiento hecho por el Presidente López Obrador, acerca del Nobel de Literatura. 

Empero, como cereza en el pastel, me gustaría agregar: su último libro es un intento de reinvindicación con la izquierda. Un neoliberal puro y duro, jamás hubiese tratado de resucitar el legado de Jacobo Árbenz, y poner en tela de juicio el actuar del gobierno de norteamericano. 

Lo dejo a la reflexión. Al tiempo.

Hernán Ochoa Tovar

Maestro en Historia, analista político.