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Marchas y contramarchas en la 4T ¿Punto de inflexión sexenal?

Marchas y contramarchas en la 4T ¿Punto de inflexión sexenal? 18 de noviembre de 2022

Hernán Ochoa Tovar

Chihuahua, Chih.

“Para no comprarla
Con bisutería,
Ni ser el fantoche
Que va, en romería,
Con la cofradía
Del Santo Reproche(…)”: JOAQUÍN SABINA, 19 días y 500 noches (fragmento).

 


En la década de 1980, Vinicio Cerezo se convirtió en el primer civil en gobernar Guatemala, luego de poco más de tres décadas de gobiernos militares. 

Tras una época oscura, luego de la abortada gestión progresista del Coronel Jacobo Árbenz Guzmán (1951-1954), Cerezo era el primer civil en gobernar la tierra de la “Luna de Xelajú”, desde los tiempos del Profr. Juan José Arévalo Bermejo, quien tuvo un gobierno progresista y civil a finales de la década de 1940. 

Ello entrañó grandes desafíos, como por ejemplo, respetar los derechos humanos, la disidencia y la libertad de expresión, aspectos que la dictadura militar guatemalteca había pisoteado con creces. 

Por ende, cuando se produjeron las primeras manifestaciones en contra de su gestión, Cerezo no sólo no las reprimió, sino que las alentó. Cuando el periodista argentino, Andrés Oppenheimer, le preguntaba el porqué tenía esa actitud, Cerezo respondía que “es (la esencia de) la democracia”, deslizando que, aunque pudiese ser algo impopular, las manifestaciones son un hecho inherente a las naciones con un devenir democrático.

Hago este preámbulo para ilustrar el derrotero que han tenido las marchas –y las manifestaciones- durante el sexenio del Presidente López Obrador, el cual, a contrapelo de su antecesor, Enrique Peña Nieto, ha tenido un largo período de legitimidad, mismo que se traduce en sus altos índices de aceptación popular (aún rayando en el cuarto año del sexenio).

Remontándonos al pasado inmediato, a Peña Nieto le llegó pronto su declive sexenal. Luego de presumir sus reformas y que estaba “Salvando a México”, la Noche Trágica de Iguala (los terribles acontecimientos de Ayotzinapa), así como la develación de la Casa Blanca de Peña Nieto y la de Malinalco, de Videgaray (ex Canciller y Secretario de Hacienda), afectaron su popularidad terriblemente. 

Aunque pasó de panzazo las elecciones intermedias de 2015, la segunda parte de su sexenio fue una pendiente interminable, la cual concluyó con la consumación de lo vaticinado: la entrega de la Presidencia de la República a su adversario de izquierdas, Andrés Manuel López Obrador.

Hasta ahora, López Obrador no había enfrentado grandes reclamos por su gestión, no obstante los claroscuros en diversas áreas. Aunque había tenido encontronazos con los integrantes de FRENAA, así como diversas discrepancias con algunos colectivos feministas, el Presidente había podido ganar la narrativa y seguir avante. 

No obstante, lo ocurrido el domingo anterior sí ha entrañado un punto de inflexión, pues, a contrapelo de lo sucedido en el pasado reciente, en esta ocasión sí hubo contingentes copiosos manifestándose contra una de las proposiciones presidenciales más polémicas: la reforma electoral de la 4T.

Empero, hasta ahora, ha tenido puntos a su favor. 

A contrapelo de lo sucedido en el sexenio de Peña Nieto, en esta ocasión, el grueso de quienes se manifestaron fueron personas de clase media y alta, así como personeros de la oposición, destacadamente del PAN, PRI y PRD. 

En este tenor podría haber vasos comunicantes con lo ocurrido en la administración anterior, pues mientras el descontento con el peñanietismo fue capitalizado por la izquierda (concretamente con MORENA), la oposición busca hacer lo propio, viendo en la cuestión electoral un área de oportunidad. 

Sin embargo, ahí estriba la diferencia: pues, contra todos los pronósticos, pareciera que el Presidente López Obrador siguiera teniendo el beneplácito de ese sector que es dominante en el grueso de sus discursos: del pueblo raso. 

Y al parecer, mientras parte importante de la clase obrera y popular sigan contentos con el derrotero sexenal, el Presidente podrá llevar su sexenio a buen puerto, no obstante las luces y sombras que ya se visualizan en el camino.

Por otro lado, el círculo rojo está dividido, pues, mientras, algunos intelectuales han visto en la marcha un área de oportunidad para capitalizar el malestar social; algunos de quienes denominaría “Intelectuales Orgánicos de la 4T”, entre quienes podría mencionar a Lorenzo Meyer, Fabrizio Mejía Madrid y Álvaro Delgado (John Ackerman y Gibrán Ramírez parecen haber emprendido la retirada) han defendido el quehacer gubernamental, y el propio Meyer (historiador con larga trayectoria) ha mencionado que (la marcha del domingo) no era contra “la desaparición del INE” (sic), sino “contra López Obrador y la 4T” ¡Complejo panorama¡

Finalmente, y al ver el adverso panorama que se presentó, y asaltó su conducción del relato gubernamental, el partido gobernante (MORENA) ha dicho que se llevará una especie de “contramarcha” el 27 de noviembre, donde ¡El propio Presidente López Obrador marchará, del Ángel de la Independencia al Zócalo¡ ¡Para Ripley!

No tengo duda de que, debido a la capacidad de movilización y convencimiento del Presidente, dicha marcha tendrá muchos adeptos. 

Para empezar, logró una cuestión que parecía compleja: que el grueso de las denominadas corcholatas (Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard, Adán Augusto López y ¡hasta Ricardo Monreal!) dejaran sus diferendos internos y señalaran que ¡irían a marchar para apoyar al Presidente! 

De manera semejante, los liderazgos locales de MORENA ya anunciaron que irán a la CDMX a apoyar en la marcha en cuestión. Me imagino también que ahí veremos a Noroña, Bartlett, Anaya, y a los grandes liderazgos del PT y el Verde, partidos que, en menor magnitud, forman parte de la coalición gubernamental. 

Probablemente también observemos participación de un sector que no se vio, en demasía, en la marcha opositora para defender al INE: puedo pensar que el pueblo raso se incorporará a la defensa del liderazgo obradorista.

No obstante, no todo es tan sencillo. Aunque los colectivos feministas ya han anunciado una eventual postergación de su propuesta, el líder de FRENAA, Gilberto Lozano, ha dicho que su manifestación tendrá lugar el mismo día (que la oficialista). 

Esto podría acarrear consecuencias indeseables, pues se trata de dos bandos en pugna y, a contrapelo de la marcha del INE, la de FRENAA encarna a los sectores más reaccionarios de la sociedad nacional, mismos que piden abiertamente la dimisión del Presidente Andrés Manuel López Obrador.

Hasta ahora, el Presidente López Obrador ha sabido ser una especie de animal político –en términos aristotélicos- y guiar al sexenio conforme a su plan de acción. Veremos si puede seguir haciéndolo o si, en lo sucesivo, tiene que enfrentar complejos valladares. Estamos en el principio de la incertidumbre.

Hernán Ochoa Tovar

Maestro en Historia, analista político.