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Las izquierdas: Entre el idealismo y la praxis

Las izquierdas: Entre el idealismo y la praxis 24 de agosto de 2022

Hernán Ochoa Tovar

Chihuahua, Chih.

“A la izquierda se le juzga por sus intenciones. A la derecha por sus resultados”: Agustín Laje (politólogo argentino).

¿Tendrá razón lo planteado por el conservador analista político argentino? ¿o será una mera provocación? 

Creo que en parte tiene razón; aunque medir a todas las izquierdas del mundo con el mismo rasero -cosa que hace Laje, huelga decir- me parece injusto; pues no fueron lo mismo Olof Palme ni Hugo Chávez. 

Como tampoco cumplen el mismo rol Gustavo Petro, Gabriel Boric, Michelle Bachelet, Daniel Ortega y, por supuesto, Andrés Manuel López Obrador. 

En algunos casos en particular, la izquierda ha dado resultados excelentes. Pero en otros, simplemente se han sostenido con un metarrelato adecuado, aunque sus resultados dejen que desear en diversos sentidos. Sin embargo, en ese caso sí parecen haber ganado la batalla cultural (Laje, dixit), pues, a pesar de sus balances cuestionables, siguen contando con un relato y un imaginario positivo por parte de las clases populares e intelectuales. 

A continuación, abordaré algunos casos. 

Debido a que la situación en Cuba ya la he abordado con anterioridad, comenzaré con el país que se convirtió en el “villano favorito” de la derecha latinoamericana (actualmente parece haber sido desplazado por la Nicaragua de Ortega), me refiero a la Venezuela contemporánea. 

A contrapelo de otros países latinoamericanos, Venezuela tuvo un desarrollo democrático aceptable durante el siglo XX. Teniendo como cabeza a Rómulo Betancourt, la democracia cristiana (COPEI) y la socialdemocracia (AD) se alternaron el poder por décadas. 

La apertura y el desarrollo económico, hicieron que este país se moviera en una órbita distinta a sus vecinos sudamericanos, pues mientras sus vecinos se debatían entre dictaduras y vecinos inestables, en Venezuela casi todo discurría de manera normal. 

Sin embargo, hubo un problema: la corrupción comenzó a crecer a partir de la década de 1980, y el soslayo de la población con menores recursos, hizo que un personaje como el Teniente Coronel Hugo Chávez pasara de conspirador gubernamental a Presidente de Venezuela (1999-2013). 

Chávez puso énfasis en la desigualdad y en la falta de oportunidades para los pobres. Tuvo un buen inicio, pues implementó programas sociales, sanitarios, abrió escuelas en zonas depauperadas y creó orquestas barriales comandadas por Gustavo Dudamel. 

En un principio, el alto precio del petróleo permitió todos esos avances, que eran impensados en la “Cuarta República” (1959-1999). 

Sin embargo, cuando el costo de los hidrocarburos cayó, Venezuela se condujo a una crisis perenne. A pesar de que concentró el poder y persiguió algunos opositores, Chávez concentró una gran aceptación hasta el final de sus días. Sus resultados se pueden catalogar como polémicos, pues empezó bien, con excelentes ideas; y tuvo un final trágico en todos los sentidos. 

Empero, por sus intenciones sigue siendo apreciado. Curiosamente, los yerros de su gobierno los ha pagado su sucesor, Nicolás Maduro, quien no tiene el arrastre del finado Comandante. 

Hugo Chávez exportó su modelo de gobierno a diversos países latinoamericanos, y un mandatario que se plegó a la agenda chavista fue el ecuatoriano Rafael Correa (2007-2017). 

Con una historia distinta, Correa saltó del Ministerio de Finanzas del Ecuador a la Presidencia. A pesar de su similitud con Chávez en algunos aspectos (tuvo una muy mala relación con la prensa, llegando a demandar a diversos periódicos), tuvo luces en algunos sentidos. 

Uno de ellos es que, durante su gestión, el Ecuador alcanzó el crecimiento económico y la estabilidad. Construyó obra pública y trasladó nociones contemporáneas (las TIC) a su agenda de gobierno. 

Empero, no tuvo una buena relación con el indigenismo hegemónico (con el cual terminó rompiendo) y tampoco con el magisterio del Ecuador, pues, a pesar de ser un mandatario izquierdista, su enmienda educativa se asemejaba más a la de Enrique Peña Nieto, que a la implementada en la Venezuela de Chávez, de la mano del pedagogo crítico Peter McLaren. 

Empero, se puede visualizar su gobierno como positivo, pues sacó al Ecuador de la irrelevancia y lo puso en la agenda mundial. Ahí discurso y praxis se complementaron.

Evo Morales es un caso parecido. Durante su gestión, Bolivia -otrora de los países más pobres de Sudamérica- logró tasas sin precedentes de crecimiento, teniendo un interesante modelo de fortalecimiento de la industria nacional, del cual fue arquitecto su Ministro de Finanzas (hoy sucesor), Luis Arce Catacora. 

Quizá su punto débil es que intentó continuar en el poder. Pero, a día de hoy, su legado sigue siendo relevante ¡Hoy día Bolivia tiene menos inflación que Argentina y México! ¡Impensable en otros tiempos!

Por otro lado, Daniel Ortega es un caso tristísimo de un personaje que se aferra al poder. Tras haber sido un histórico comandante de la Revolución de Nicaragua (1979-1990) y retornar al gobierno en 2007, transmutó su discurso terriblemente. 

De haber parecido que tenía una evolución, terminó persiguiendo y exiliando hasta a sus viejos aliados; y teniendo un discurso de odio en contra del empresariado nicaragüense y la Iglesia Católica. Su actuar ha sido tan negativo en los últimos tiempos, que hasta parte de la izquierda latinoamericana ha tomado distancia de él. 

Sin duda un viejo idealista que traicionó su legado por ambición.

Finalmente, y aún con claroscuros, creo que el gran modernizador de España fue Felipe González (1982-1996). A pesar de que los cimientos los puso Adolfo Suárez, fue él quien gestó todo el milagro español. 

Sin embargo, lo concreto y pragmático de su discurso, hace que no haya terminado siendo tan venerado y popular como algunos de sus similares latinoamericanos. Aquí los resultados están, aunque no se correlacionan con el discurso.

Hoy día, el gobierno federal se encuentra inmerso en esa compleja puja: sin duda la 4T ha ganado la narrativa, y la administración de Andrés Manuel López Obrador parece contar con arrastre popular. 

Sin embargo, en cuanto a resultados hay claroscuros. Ha mantenido la estabilidad económica, pero no ha habido un crecimiento espectacular (debido, en parte, a factores externos). 

La seguridad sigue siendo una asignatura pendiente. Y los programas sociales han atendido a una población creciente; pero la planificación ha fallado en diversas áreas. 

¿Cuál será el balance de su gestión? Sólo el tiempo lo dirá. Pero, al parecer, el grueso del electorado nacional está valorando su intención de cambiar el actual estado de las cosas. 

La historia dirá si esto fue suficiente o, tan sólo, un rosario de buenas intenciones para esta compleja nación.

Hernán Ochoa Tovar

Maestro en Historia, analista político.