La izquierda como maquinaria electoral

La izquierda como maquinaria electoral 28 de junio de 2020

Leonardo Meza Jara

Chihuahua, Chih.

Para la izquierda chihuahuense, se terminaron los tiempos en los que se aspiraba al poder a ras de tierra, con los pies puestos sobre el suelo de la historia y de la lucha social. 

Era una forma de caminar a campo traviesa, con un mapa sostenido por la mano izquierda, que se levantaba fervorosamente en forma de puño. Era una forma de caminar a distancia de las autopistas del poder, y de los pasadizos que disciplinan y burocratizan a la militancia.  

Hoy, los militantes de la izquierda partidista en Chihuahua aspiran al poder a través de autopistas pavimentadas, que tienen cuatro o más carriles para desplazarse en la persecución de una candidatura. 

Hay que adelantarse y correr a toda prisa tras de la manzana del poder, la mordida vendrá más adelante, en las negociaciones que pueden ser más o menos jugosas, que pueden tomar la forma de la candidatura a una diputación, una presidencia municipal o alguna regiduría. 

Para ser nombrados como candidatos, los militantes de la izquierda deben sujetarse a protocolos bien trazados. No importa que estos protocolos sean definidos por la izquierda o por las fuerzas enemigas de la derecha. 

En los últimos años, los caminos de la política han entrado en un territorio de extrañamiento. Para ser candidato de la izquierda en Chihuahua, se deben cumplir protocolos que obedecen a condicionamientos como los siguientes: 

- Participar en un foro organizado por la Coparmex de Chihuahua, tal como lo hicieron Rafael Espino, Víctor Quintana y Cruz Pérez Cuéllar. 

- Resguardar los pactos que se tienen con el gobierno panista de Javier Corral, apegándose al guión político que han seguido Juan Carlos Loera, Gustavo de la Rosa y otros diputados locales por Morena. 

- Guardar silencio ante los errores cometidos por López Obrador y por Morena, de la forma en que lo hacen la dirigencia estatal y la mayor parte de la izquierda chihuahuense. 

Hay especialistas en la materia de construir candidaturas desde la izquierda, que a partir de la experiencia y el saber acumulados, tienen a la mano todo el conocimiento para escribir un manual, que lleve por título: “Como convertirse en candidato con la utopía pintada de color azul”. 

Sin lugar a dudas, este libro pasaría a ser parte de los listados del bestseller editorial y los lectores se convertirían en hordas de aspirantes a lo que sea, siempre y cuando haya algún beneficio a corto o mediano plazo. 

La militancia de la izquierda se ha burocratizado a partir de dos mecanismos. 

Por un lado, funciona mediante una maquinaria electoral cuyo objetivo es construir candidaturas, pactos y posicionamientos ante el posible arribo al poder. Esta militancia es un ajedrez electoral que pudiese aceptar algún enroque, pero que no se puede salir de las casillas blancas y las casillas negras, que se diseñan bajo la lógica de los aliados y los enemigos. 

Por otro lado, esta militancia funciona como una máquina de guerra que hace uso de un conjunto de estrategias de defensa y ataque de la 4T. Se trata de tener a la mano un amplio repertorio de discursos para colocar laureles sobre la cabeza del presidente y sus cercanos, y repartir baños de lodo a todo enemigo posible. 

Lo que estará pasando en Chihuahua en los meses que vienen, es la radicalización de esta doble maquinaria que ha burocratizado política e ideológicamente a la izquierda. En este proceso de radicalización, la maquinaria electoral será cada vez más una maquinaria de guerra, con aliados y enemigos adentro y afuera del partido. 

Junto a lo anterior, la maquinaria de guerra será cada vez más una maquinaria electoral, para desplazar adversarios, avanzar territorios, ocupar posiciones y garantizar los beneficios conducentes –antes y después de la posibilidad del triunfo-. 

No importa que los enemigos estén adentro o afuera del partido. No importa que los aliados puedan estar entre el empresariado chihuahuense, el panismo y otros espectros de la derecha. 

Una de las lecciones del pragmatismo electoral del 2018, es la necesidad de aliarse con la derecha. Si hay que aliarse con el diablo, cabe la posibilidad de maquillar sus cuernos y su cola mientras pasan los meses de campaña electoral. 

El marketing político es lo suficientemente elástico como para esconder un dinosaurio debajo del tapete. 

Hay que ganar las elecciones, hay que ganarlas a costa de lo que sea. 

Arriba y adelante, compañeros. 

Ni un paso atrás, que el horizonte del 2021 cabe por la ranura de una urna. Que las consignas de la lucha social se conviertan en slogan de campaña, que los plantones se transformen en la ocupación de las oficinas públicas después del triunfo, que las marchas por la justicia social se conviertan en ejércitos de votantes.

Lo que sigue, es esperar el día de las elecciones para sujetar los resultados del PREP en un solo puño y declararse ganador desde algún pódium. 

No importa que el puño que se alce, que el puño del triunfo, pueda no ser el de la mano izquierda…