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Guerra contra Irán y caos mundial en los energéticos

Guerra contra Irán y caos mundial en los energéticos 20 de marzo de 2026

Serafín Peralta Martínez

Chihuahua, Chih.

A finales de febrero y hasta la mitad del mes de marzo, han transcurrido prácticamente tres semanas de intensos bombardeos a territorio iraní y regiones del Líbano por parte de Estados Unidos e Israel, que han generado destrucción y caos mundial en los hidrocarburos como el petróleo y el gas.
La guerra contra Irán por parte de Estados Unidos no parece tener fin, más bien, parece alargarse por alarde de poder y decisiones equivocadas del presidente Donald Trump.
La política impopular que ha desplegado en Oriente Medio en un conflicto bélico contra Irán, con el pretexto de detener cualquier intento de producción de armamento nuclear y eliminar de tajo el radicalismo del Islam como forma de gobierno, ha llevado a alterar los precios de los hidrocarburos hasta en un 50%, situación que repercute en mayores costos en los combustibles, en manufacturas, en el transporte y en las cadenas de suministros de alimentos.
A pesar de que Estados Unidos es el principal productor de petróleo en el mundo, con aproximadamente13.5 millones de barriles diarios de petróleo, los efectos de esta guerra que inició Donald Trump, le está pegando a la economía doméstica de los estadounidenses, ya de por sí afectada por los aranceles de bienes importados y ahora con alzas de precios en el petróleo que ronda los 110 dólares por barril y gasolinas cada vez más caras.
Al respecto, Paul Krugman ha dicho que “si bien Estados Unidos es un exportador neto de petróleo, además del que le compra a México y a Canadá, desde el punto de vista de la contabilidad nacional, en este momento, se está volviendo un poco más rico gracias a que los precios del petróleo están subiendo”, pero ni el gobierno ni el pueblo estadounidense se benefician de ello porque el petróleo no es de "nosotros".
El petróleo y las refinerías en Estados Unidos son de las compañías petroleras privadas (Exxon Mobil, Chevron, Texaco, Esso, entre otras) y el alza de precios del petróleo afecta igual que en resto del mundo.
Mantener esta guerra le representa a Estados Unidos e Israel un costo de millones de dólares y ahora el conflicto se ha trasladado a garantizar el libre tránsito de buques petroleros por el estrecho de Ormuz fuertemente custodiado por Irán y motivo de preocupación de Donald Trump, que como estrategia de intimidación inmediatamente mandó a bombardear áreas no petroleras de la isla de Kharg, donde se encuentra un enorme puerto de embarque de la gran mayoría de las exportaciones de petróleo de Irán.
La isla de Kharg, que es territorio de Irán, está ubicada al noroeste del Golfo Pérsico muy cerca del Estrecho de Ormuz, lugar donde transitan los buques petroleros y es un centro neurálgico de toda la exportación de petróleo de Irán, con un volumen diario de 3.5 millones de barriles de petróleo crudo y posee la tercera reserva probada de petróleo más grande del mundo, estimadas en aproximadamente 208,600 millones de barriles en 2025, colocándose por debajo de Venezuela y Arabia Saudita que poseen 303 y 267 mil millones respectivamente.
De este centro petrolero de Irán se abastecen barcos de China, de Korea, de la India y de Japón, entre otros, por lo que ahora el estrecho de Ormuz es la manzana de la discordia.
Este punto neurálgico de abastecimiento petrolero simplemente no puede ser bombardeado por Estados Unidos, porque afectaría intereses de países demandantes de petróleo y generaría un conflicto de orden mundial.
La imprudencia del presidente Trump de bombardear la isla de Kharg ha agravado el conflicto y cerrado la esperanza de los países árabes de comercializar su petróleo, que en lugar de ingresos le representan millones de dólares en pérdidas.
Por este estrecho de Ormuz pasa el gas de Catar que es una potencia exportadora que, al ubicarse en esta región, se encuentra sin posibilidad de comerciar ni de entregar el gas y el petróleo a los compradores, ni siquiera ha enfriado gas natural para su envío desde los primeros días de la guerra.
Como resultado de este conflicto bélico, el petróleo, el gas natural y otras materias primas están atascados, los países productores como Irán, Irak, Arabia Saudita, Baréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait no pueden comercializar su petróleo situación que puede paralizar la economía global, pues la producción como suministro o de entregas, ha caído de manera alarmante.
De esta región se abastece el 20% de los energéticos en el mundo, y si no puede vender el petróleo, tampoco lo pueden extraer, por lo que el bombeo de cientos de pozos se ha paralizado, generando costos elevados y pérdidas cuantiosas.
Los países que pueden almacenar combustibles se están quedando sin reservas y los que compran en el día a día, empiezan a sufrir los estragos en las alzas en los hidrocarburos.
En México se resiente el aumento en los precios del petróleo, con la salvedad de que el petróleo es de los mexicanos y México es un productor, más no importador o comprador de petróleo.
De hecho, México ya no exporta el cien por ciento de su petróleo crudo, pues de un volumen de producción de 1.65 millones de barriles diarios de petróleo, sólo se venden al exterior 350 mil barriles al día, que significan el 22%, mientras que el 78% restante (1.3 millones de barriles diarios de petróleo) se destina a las refinerías de Pemex para producir gasolinas, que no es suficiente porque todavía se importa poco más del 50% del consumo interno.
Precisamente a esta parte de la gasolina importada, es la que el Gobierno federal subsidiará los altos precios, sacrificando la recaudación del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) y aceptando la deducción fiscal.
Esperemos que esta guerra no se prolongue porque entonces puede surgir una crisis financiera global.