Feminicidio: La 4T incapaz
Sin Retorno

Feminicidio: La 4T incapaz 20 de febrero de 2020

Luis Javier Valero Flores

De los numerosos textos circulando en las redes sociales, el siguiente adquiere un carácter emblemático, porque sintetiza, en nuestra visión, una buena parte de los problemas que dan origen al feminicidio, como tragedia general, y al asesinato de niñas como Fátima, como tragedias particulares:
“El caso de Fátima es un enorme ejemplo de todas las esferas de violencia y opresiones de este asqueroso sistema. A Fátima la ultimaron por una red de tráfico de órganos que opera impunemente en nuestro país (Era la versión extraoficial en su momento).
La mataron por ser niña, por ser vulnerable. Pero también la mataron las normas de las instituciones educativas públicas que sacan a las y los niños de la escuela al terminar el horario escolar (Cosa que ocurre con mayor frecuencia de la que se piensa en el estado de Chihuahua).
La mató la incompatibilidad de horarios con la extensa jornada laboral que no contempla ni comprende la maternidad en sus cuadrados estatutos en medio de la precariedad.
La mató la inseguridad en la que vivimos.
La mató la indiferencia de quienes la vieron y la supieron sola y no hicieron nada por acompañarla.
La mató esa falta de red de apoyo que es fundamental en la crianza. Hoy sólo se buscan culpables y todos señalamos para todos lados cuando lo único cierto es que le arrebataron su vida a una niña y le arrancaron su hija a una madre…”.
No solo el presidente López Obrador quedó exhibido ante la magnitud del asesinato de la niña Fátima, por su manifiesta incapacidad para conceptualizar el tema del feminicidio y para afrontar la aguda degradación social, temas a los que, dijo, habría de solucionárseles mediante la “moralización” de la sociedad y de la “purificación" del poder público, sin que atinara a esbozar, siquiera, la menor estrategia gubernamental para abordar lo que es una verdadera alerta nacional.
Vamos, en el colmo de la desesperación y de la improvisación, los legisladores federales adoptaron la estrategia propia de la derecha de todo el mundo, la que, en lugar de revisar las causas de un problema social, y enfrentarlas, elevan la severidad de las sanciones.
Así, en medio del clamor nacional desatado por el hallazgo del cadáver de la niña de Tulyehualco, a los legisladores de Morena sólo se les ocurrió cambiar una ley y emitir, al igual que el resto de las fuerzas políticas acreditadas en la Cámara de Diputados, un insípido discurso en el que los lugares comunes fue la nota principal.
De ese modo, los diputados federales aprobaron una reforma que eleva a 65 años el delito de feminicidio y el presidente López Obrador afirmó que su gobierno está haciendo lo que le corresponde para prevenir que continúe esta tragedia.
Es irrefrenable la pregunta ¿Qué están haciendo los gobernantes de la 4T para transformar la aguda realidad por la que pasan decenas de millones de mujeres pobres en el país?
¿Dónde están las apabullantes campañas publicitarias para combatir al machismo y privilegiar el enfoque de género en la sociedad?
¿Dónde, en la currícula escolar, el acentuamiento en el respeto a las mujeres y en la asimilación de que deben gozar de las mismas oportunidades que los varones?
¿Dónde los vastos programas gubernamentales enfocados a paliar -por lo menos- el millonario abandono de decenas de millones de niños?
¿En dónde la urgentísima operación gubernamental orientada a capacitar, entrenar y, claro, contratar a las decenas de miles de agentes del ministerio público que deban atender las numerosas denuncias de violencia doméstica y acoso y ataques sexuales?
Si el presidente cree que con la difusión de la cartilla moral impulsada por su gobierno y la aprobación, cuanto antes, de la Constitución Moral, es suficiente para enfrentar lo que ahora analizamos, y si ninguna dependencia de su gobierno tiene la capacidad para iniciar las ingentes tareas que el Estado debe realizar, estamos perdidos pues lo que ahora tenemos es una verdadera emergencia humanitaria.
Es una increíble falla acusar al neoliberalismo de la existencia del feminicidio ¿Antes no había este tipo de crímenes? ¿Entonces, en el período del “desarrollo estabilizador”, es decir, el del partido único, no había feminicidios?
Todos concordamos. Sí, estamos frente a una sociedad individualista, desmoralizante, con una aguda pérdida de valores cívicos y una profunda degradación social, fenómenos que deben afrontarse desde otra perspectiva y con la construcción de un Estado capaz de suplir las deficiencias o las carencias al interior de las familias (por ejemplo, el de la necesaria construcción de la infraestructura, necesaria para atender a los hijos de los padres trabajadores, especialmente de los más humildes), etc.
Tareas de tan largo plazo deben ir acompañadas de una profunda reestructuración, pero ya, de las instituciones encargadas de la procuración de justicia y las responsables del bienestar social.
No enlistar -y, sobre todo, hacer- lo necesario en esto último ha mostrado al presidente López Obrador rebasado por estos fenómenos, ante los cuales solo atina a hacer elucubraciones que lo muestran desconocedor del tema y, lo peor, sin la necesaria visión para afrontar los aspectos más simples e inmediatos que pudieran hacer que disminuyera, pero ya, la tragedia social que vivimos.