Juárez Policía Feb 2021
El Partido Acción Nacional y el catecismo del odio

El Partido Acción Nacional y el catecismo del odio 19 de enero de 2021

Leonardo Meza Jara

Chihuahua, Chih.

La polarización creciente en el país ha dado lugar al surgimiento de un odio ideológico y político exaltado. Entre los integrantes de la oposición que se agrupan en “Vamos México” y los defensores del lópezobradorismo, hay un odio recíproco. 

“Amor con amor se paga”, y en el caso del odio, los adeudos entre los adversarios políticos tienen intereses que pueden ser inconmensurables. 

Odie ahora y pague mañana, es una sentencia que puede resultar bastante costosa en la política. El odio puede ser electoralmente productivo, pero históricamente riesgoso. 

En la política actual odiar se ha vuelto un deporte ordinario.  

Los panistas en Chihuahua han ido construyendo su propio catecismo del odio en los meses recientes. Las formas de hacer política en el Partido Acción Nacional en Chihuahua son una zona de guerra. Cada milímetro que pisan Javier Corral, Gustavo Madero o Maru Campos está cubierto de minas, cuya pólvora es el odio. 

Los odios entre los maderistas apoyados por Corral y los campistas cuya base es el municipio de Chihuahua, se oscurecen cada vez más. Las prácticas actuales de la militancia panista tienen como base filias y/o fobias que se desplazan a través del odio. Desde luego, que las maneras de odiar en la política son ideológicas. Estamos hablando de una ideologización política del odio.

¿Cómo es que siendo un sentimiento, el odio es ideológico?  Uno de los principales aportes del marxismo posestructuralista de Laclau y Žižek, admite que  la ideología tiene componentes irracionales. La ideología no es totalmente racional, sino que tiene componentes inconscientes, lugares habitados por sombras, que son demasiado oscuras a veces. Los odios ideológicos que se construyen a partir de relaciones políticas, son los más entrañables y los más viscerales.

Cuando se constituye como ideología política, el odio desplaza y toma el lugar del programa partidista, en este caso, del panismo. 

El programa ideológico y político del PAN en Chihuahua ha sido suplantado por una ideología del odio, que traerá consecuencias imprevistas para este partido.  

En los años recientes, mientras la religión católica sigue intentando construir una ideología del amor y el perdón, la política se ha encargado de construir una ideología del odio y la denostación, que se hace presente entre los panistas chihuahuenses. 

En este caso, es evidente una contradicción que remueve las entrañas de los militantes del panismo que son feligreses de la religión católica. Los panistas católicos profesan un amor y un perdón religioso, mientras aprenden a odiar fervorosamente a sus hermanos del mismo partido a través de sus prácticas políticas.  

No hay que olvidar que en la Biblia la hermandad tiene como fundamento el mito de Caín y Abel.  El asesinato físico o político basado en el odio, es una de las bases de la sociedad antigua que se extiende hasta la actualidad.

El arma homicida con la que Javier Corral pretende eliminar a María Eugenia Campos, puede tener componentes jurídicos que pretenden el ejercicio de la justicia, pero también tiene componentes ideológicos y políticos, cuyo fundamento es el odio. 

¿En este caso, qué es lo que tiene mayor peso, los componentes jurídicos que buscan la aplicación de la justicia o los componentes ideológicos y políticos que se enraízan en el odio? 

En este momento, ambos componentes son indistinguibles. El PAN en Chihuahua ha llegado a un grado cero de la política, en donde la bondad y la maldad, la justicia y la injusticia, se confunden entre sí. En pocas palabras, la ética del panismo ha quedado desplazada por un odio ideológico y político.

Las filias y las fobias que se han construido en la política en los años recientes son los indicios de la patología o de la normalidad más descarnada de los seres humanos. Somos humanos porque amamos u odiamos, y eso es lo más patológico o lo más normal que puede haber entre nosotros. 

El problema no es que odiemos, el problema son las formas de odiar, que en este caso son ideológicas y políticas. El problema son las racionalidades o las irracionalidades que se construyen en torno a este odio, y los alcances que eso pueda tener para un estado como el de Chihuahua.  

En el panismo chihuahuense, las confrontaciones y los odios han crecido alrededor del deseo del poder. De esto se desprende una sentencia que amerita ser analizada a profundidad en los términos del psicoanálisis:  Se construye un odio entre los adversarios del mismo partido porque se desea el mismo objeto, que es el objeto del poder.  

El objeto de deseo de Javier Corral es la consecución del poder, apostándole a la candidatura de Gustavo Madero. El objeto de deseo de María Eugenia Campos es acrecentar su poder, al pasar de un gobierno municipal a un gobierno estatal. El epicentro del odio en el panismo local -y en otros partidos políticos-  es el deseo del poder.

El odio ideológico y político crece a través del deseo del poder, que va más allá de lo meramente coyuntural. Estamos hablando de un deseo que resulta complejo y extraño en su composición.  

Como deseo, el poder tiene componentes ideológicos, políticos, económicos y desde luego psicoanalíticos, es decir, subjetivos.  Incluso, el deseo por el poder tiene componentes metafísicos, que están más allá de este mundo.  

Hay una metafísica del poder que es inexplicable, que se alimenta a través del deseo del poder, y de la construcción del odio hacia los adversarios que impiden el acceso al poder. El paraíso judeocristiano, que es un lugar metafísico, que está más allá de este mundo, es equiparable con las promesas de la política que tienen como base la idea del progreso indetenible. Lo que está detrás del paraíso judeocristiano y de las promesas de la política es lo inexpugnable del poder, que se construye a través de afectos y de odios.

Se ama el poder, mientras se aprende a odiar a quienes impiden alcanzarlo.  

Se aprende a odiar a los adversarios, para alcanzar el poder por el que se lucha. La pedagogía a través de la cual se aprende a amar al poder, es una pedagogía del odio hacia los adversarios. Detrás de esas formas de amar al poder y de odiar a los adversarios, hay una irracionalidad que es ideológica y políticamente inconsciente.  

Por más razones que se expongan para explicar o justificar el odio que se lanza contra los adversarios de la política, persiste lo irracional de este odio. En las luchas por el poder hay un territorio irracional, que nos recuerda que los seres humanos no hemos dejado de ser animales. La política es una jungla y la historia está plagada de bestiarios.

Los últimos procesos electorales han sido tierra fértil para sembrar el odio. En la política hay una pedagogía del odio, qué puede ser panista, pero que puede tener otras filias y fobias de carácter ideológico y político.

En la elección del próximo domingo para elegir al candidato a gobernador del PAN en Chihuahua, las boletas electorales serán cruzadas por el grafito y el ímpetu de un odio, cuyos alcances son imprevisibles.