Chihuahua, Chih.
Cada 10 de mayo, el país se detiene para celebrar una figura que, en el imaginario colectivo, suele estar rodeada de romanticismo y abnegación. Sin embargo, las cifras más recientes del INEGI nos obligan a despojar esta fecha de su envoltura festiva para observar la cruda realidad estructural que atraviesan las madres en México, y de manera particular, en el contexto de nuestra entidad.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) al cuarto trimestre de 2025, el 71.5% de las mujeres de 15 años y más en el país han tenido al menos un hijo nacido vivo. Pero tras este porcentaje se esconde una arquitectura de desigualdad que en Chihuahua —especialmente en núcleos urbanos como Chihuahua Capital y Ciudad Juárez— adquiere matices de urgencia social.
Sobre la brecha económica y la "doble jornada" la estadística revela que la mayor participación económica ocurre entre las madres de 35 a 44 años, con tasas superiores al 61%. No obstante, el ingreso es el primer punto de quiebre: casi la mitad de las madres ocupadas (49.2%) perciben apenas hasta un salario mínimo al mes. En ciudades con un alto costo de vida y dinámicas industriales como las nuestras, este ingreso resulta insuficiente para garantizar una vida digna.
A esto se suma la carga invisible del cuidado. Las madres dedican, en promedio, 20.5 horas semanales a quehaceres domésticos y 17.3 horas adicionales al cuidado sin pago de niñeces, personas adultas mayores, con discapacidad o enfermas. En la capital y en Juárez, donde las distancias y la precariedad del transporte público estiran las jornadas, esta doble o triple carga limita las posibilidades de desarrollo profesional y académico de las mujeres, perpetuando ciclos de pobreza y agotamiento.
Respecto a la educación y la maternidad temprana, existe un dato que no podemos ignorar: el de la maternidad en la adolescencia.
El 5.2% de las jóvenes de 15 a 19 años ya son madres. Esta cifra se vincula directamente con el nivel educativo: mientras que en los grupos de edad más jóvenes la escolaridad media y superior ha crecido, en las mujeres de 60 años y más, la tercera parte no terminó la primaria. La maternidad temprana en nuestros municipios sigue siendo un factor que interrumpe trayectorias educativas, especialmente en sectores vulnerables de la periferia.
No se obvia decir que las actuales políticas públicas estatales de ultraderecha respecto a la salud reproductiva no solo son ineficientes: son limitadas, restrictivas y no ofrecen la cobertura necesaria para hacer frente a la aplastante realidad social que las cifras reflejan.
No podemos cerrar estas reflexiones sin nombrar a quienes la estadística oficial a veces no logra capturar en toda su magnitud de dolor y resistencia. En Chihuahua, el 10 de mayo no es un día de fiesta para todas. Es, para muchas, un día de protesta.
Las madres buscadoras, aquellas que han sustituido el trabajo del hogar por el rastreo en el desierto y parajes alejados en entornos urbanos; mujeres que, ante la ausencia del Estado, han aprendido de antropología forense y derecho para encontrar a sus hijos e hijas desaparecidos. De igual forma, recordamos a las madres de víctimas de feminicidio de todo el estado, quienes transforman su duelo en una lucha incansable por la justicia que se les ha negado por décadas. Para ellas, la maternidad se ha convertido en un acto de activismo político y una constante exigencia de memoria.
Las estadísticas del INEGI son herramientas para la toma de decisiones, pero también deben ser espejos de nuestra realidad social. Que este 10 de mayo no sirva solo para el consumo, sino para cuestionar un sistema que descansa sobre el trabajo no remunerado de las madres y que les adeuda seguridad, salarios dignos y, sobre todo, el derecho a no tener que buscar a sus hijos e hijas en una fosa.
@marielousalomé