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De carcamanes viejos y nuevos
Sin Retorno

De carcamanes viejos y nuevos 19 de junio de 2022

Luis Javier Valero Flores

Chihuahua, Chih.


- En la peor crisis de su historia, ni los ex, ni el actual del PRI son capaces de asimilar las causas de su debacle
- Le exigen la renuncia a Alito Moreno quienes fueron participantes activísimos en la generación de la crisis
- Crecen las voces en el PAN clamando por no “cargar” con el lastre del priismo

Carcamán: 

1. m. y f. coloq. Persona de muchas pretensiones y poco mérito: RAE

Sin duda que el PRI atraviesa por la peor crisis de su historia. Está a punto de contar con solamente una gubernatura (Coahuila o Estado de México, en elecciones el próximo año en las que, si le va bien, podría ganarlas, aunque es más probable que mantenga Coahuila en tanto que el EdoMex está en el aire) y otra compartida (Durango).

Ahora bien, la derrota del priismo en las entidades es más que evidente, pero extrañamente aún conserva niveles entre el 15 al 18% de las preferencias electorales, de acuerdo con las más recientes encuestas sobre las elecciones del 2024.

Pero ni eso atenúa el tremendo impacto que le ha significado, no sólo perder la presidencia de la república, sino las casi dos decenas de gubernaturas, de senadurías y decenas de diputaciones federales y locales, así como un titipuchal de alcaldías.

El viejo partido de estado es hoy un fantasma del cual, diariamente, huyen infinidad de militantes y dirigentes, la mayoría de los cuales emigran, de seguir en la política, al nuevo partido gobernante. 

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No tienen un mal recibimiento ahí, pues 15 de los 22 gobernadores emergidos de Morena y sus aliados tienen su origen en el PRI, amén de que al nuevo gobierno se han sumado cientos, quizá miles de expriistas.

Pero adentro del “partidazo” no han asimilado la dimensión del golpanazo recibido; lo más grave, por lo menos públicamente, no entienden a cabalidad la naturaleza y las causas de su desastre. 

Insisten en las viejas recetas, tanto la dirigencia, como el grupo de ex presidentes. Éstos le achacan a Alejandro Moreno la responsabilidad de las derrotas y probablemente la tenga en algún grado, el problema, sobre todo para el priismo, es que cargan con tantos agravios sufridos por la sociedad mexicana a manos de los gobernantes priistas de, por lo menos, 70 años.

Ciertamente hubo aciertos, especialmente en la creación de algunas instituciones, realizadas en las décadas de los 50’s del siglo pasado, pero el deterioro económico y social, que cada vez abarcaba a más sectores de la población, sobre todo a partir de los 70’s, y la profunda transformación que experimentaba la élite gobernante, con su consecuente lejanía de las bases sociales del viejo partido “de la Revolución Mexicana” y que ante un continuo despertar ciudadano (quizá alentado precisamente por esa transformación de la élite dirigente) que de a poco se percataba del inmenso saqueo practicado por los gobernantes, y no solamente de la época neoliberal, como tanto insiste en argumentar el presidente López Obrador.

El saqueo era de película, pero lo efectuado en el sexenio de Peña Nieto colmó la paciencia ciudadana. El “nuevo” PRI de ese presidente estaba pletórico de verdaderas “joyas”, siete de ellos, ex gobernadores, se encuentran tras las rejas.

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Ante semejante realidad, cómo pretenden que con un solo cambio de dirigentes puedan recuperar los niveles de confianza ante la sociedad, a la que le deben un más que obligado “mea culpa”, pero que no puede efectuarse con simples discursos y un “ustedes perdonen”.

Como todo en política los cambios verdaderos pasan por el filtro de los hechos.

Así, Alejandro Moreno Cárdenas, dirigente nacional del PRI, recibió a los ex dirigentes nacionales Dulce María Sauri, Beatriz Paredes Rangel, Claudia Ruiz Massieu, Manlio Fabio Beltrones, Humberto Roque Villanueva, José Antonio González Fernández, Roberto Madrazo y el senador Miguel Ángel Osorio Chong, coordinador de los senadores priistas.

Le propusieron “refundar y reorganizar la vida interna y su comunicación con sus militantes y simpatizantes, además de la renuncia ante los pésimos resultados del priismo. 

“… no te tenemos confianza, nos has colocado en la crisis más grave, la peor incluida la de 2000”, le dijeron y, además, le reclamaron una cosa verdaderamente escandalosa: Todos los integrantes del Comité Nacional fueron candidatos a diputados -o senadores- plurinominales.

“Así me dejaron el partido”, les respondió.

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¿Cómo pretenden los carcamanes que dirigieron al PRI durante los últimos 30-40 años convertirse en la autoridad moral que le exige al sucesor actual que se haga a un lado -porque lo hace mal- y dictarle a ese partido que deben hacer?

¿Cómo se atreven los dirigentes del PRI en los sexenios de Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Enrique Peña Nieto y ¡hasta de Luis Echeverría! dictarle a ese partido las nuevas reglas?

¿Qué no entiende Alejandro Moreno que no puede dirigir a ese partido si es propietario de una finca de 40 millones de pesos, incluso, y exagero, si la obtuvo lícitamente?

¿Cómo creerles a los viejos carcamanes priistas si el boato con el que se conducen en la actualidad nos remiten a los sexenios en los que se sirvieron a manos llenas de las riquezas del país?

Por eso, elección tras elección, así ponga Morena de candidatos a quien sea, una parte del electorado, con más memoria, quizá, o más agraviado, vota por esos candidatos, sólo porque son los sugeridos, empujados, nombrados, o como sea, por el presidente López Obrador a quien le conceden la suficiente autoridad política como para que vaya marcándoles el derrotero en el momento actual, a pesar de las descalificaciones y críticas que su desempeño despierta, una parte mayoritaria de las cuales están justificadas.

Otro ¿Cómo?

¿Cómo se atreve a exigir cuentas a sus dirigentes quien fue el responsable de la conducción política del país, en el sexenio de Peña Nieto, el senador Osorio?

¡No tienen medida!

A la exigencia de que renuncie, les respondió que él permanecerá en el cargo hasta el 19 de agosto de 2023.

A la salida de la reunión, Dulce María Sauri Riancho, tajante, informó de la reunión y le puso fecha a la renuncia: “el 18 de agosto de 2023, ni un día más.”. (Nota de Roberto Garduño, La Jornada, 14/VI/22).

Al término de la reunión no hubo conferencia de prensa de los ‘8, ni boletín de prensa de ellos, ni un comunicado conjunto con la dirigencia.

Pero sí la del presidente en vigor, Alejandro Moreno, acompañado de la dirigencia nacional y de los dirigentes estatales de todo el país que, coincidentemente, fueron citados a reuniones previas a la de la del Consejo Nacional, celebrada a los días siguientes de la efectuada con los ex dirigentes.

Moreno sufre una más que deplorable persecución lanzada en su contra por el actual grupo gobernante, por medio de una ofensiva primitiva, grosera y vulgar de la gobernadora de Campeche, Layda Sansores, que cada semana protagoniza un episodio más de la picaresca de la clase política, llevada a grado extremo.

“Alito” Moreno puede ser ser culpable de los delitos que le atribuyen, tanto la gobernadora Sansores, como su fiscal, Renato Sales (éste último emergido, como Layda Sansores, del más corrompido priismo, ella, del viejo régimen caciquil encabezado por su padre, Carlos, y aquel del impronunciable (en este sexenio) grupo de Atlacomulco, que lo ha sido todo en el Estado de México), que han usado las más viejas, ilegales y arteras artimañas del viejo régimen al que pertenecieron los tres protagonistas de este párrafo.

Es tan burda la persecución que, para intimidar a Moreno y a su familia, efectuaron un impresionante policíaco para realizar una ¡“inspección del exterior”! de la lujosa residencia del ex gobernador campechano el mismo día de la reunión con los “ex”.

Ante esa amenaza, por supuesto que Moreno no renunciará. No será lo mismo detener a un diputado federal y ex gobernador, acusado de enriquecimiento ilícito, que detener al dirigente nacional del PRI, así se trate del partido más repudiado en el México actual.

Por ello, tanto Moreno, como los gobernantes endurecieron sus posturas, luego de que el priista coqueteó con el régimen en la posibilidad de aprobar la reforma eléctrica y a continuación dar marcha atrás, y de ese modo desatar la ofensiva en su contra, lo que le fue avisado por su “hermano”, el senador del Verde, amigo del presidente y ex gobernador de Chiapas, Manuel Velasco, enviado por otro “hermano” de ambos, el Secretario de Gobernación, Adán Augusto López.

¡Pobre país, en manos de, prácticamente, los mismos, que nada más cambiaron de traje, como el mismo presidente aceptó, al callar ante la tajante aseveración de un reportero, quien le dijo, acerca de un gobernador, “es el mismo funcionario, sólo que antes era del PRI, hoy es de Morena!

[email protected]; Blog: luisjaviervalero.blogspot.com; Twitter: /LJValeroF

Fuente de citas hemerográficas recientes: Información Procesada (INPRO)

Luis Javier Valero Flores

Director General de Aserto. Columnista de El Diario