Chihuahua, Chih.
La izquierda tiene un embrujo especial porque endulza los oídos al pueblo y postula valores entrañables: reducir las desigualdades sociales, dar las mismas oportunidades a todos, procurar una educación pública de calidad, combatir los privilegios de clase y el racismo, la defensa del medio ambiente, el respeto a la diversidad y un Estado laico.
Pero, ¿cuándo dejaremos de llamarle izquierda a ese amasijo agregado de oportunistas y cuatreros? ¿Cómo puede llamarse izquierda ese aparato avasallante que ha ido destruyendo o colonizando todas las instancias democráticas para construir una autocracia?
Roger Bartra, maestro emérito de la UNAM, lo dice sin rodeos: la izquierda de la 4T es meramente un disfraz para ocultar el verdadero rostro del régimen: un populismo conservador, retrógrada y corrupto.
Entrevistado en estas páginas por Abida Ventura (“La izquierda mexicana está en proceso de extinción”, 25 de octubre, 2026) no duda en reprochar el empobrecimiento del debate público y el asedio a la libertad de expresión, además de señalar el fracaso de la izquierda en México, una izquierda en proceso de extinción.
Bartra habla del carácter ridículo que tienen esos usos pretendidamente indígenas de purificación y entrega del bastón de mando (de origen español) que se impusieron a partir de la llegada al poder de Andrés Manuel López Obrador.
El discurso oficial de los 30 siglos de esplendor mexicano encubre la miseria de esos 30 siglos y pregunta: ¿realmente ha cambiado algo para los pueblos indígenas, para los pobres, que tanto se mencionan desde el discurso oficial?
Para Bartra, colocar al México prehispánico como el origen de la nación mexicana de hoy es un absurdo total porque niega el afluente poderoso de la cultura occidental; retirar la estatua de Colón o negar los sacrificios humanos del pasado precortesiano es negar la historia, y Grandeza, la obra de Andrés Manuel “es de una pobreza infinita, de un nivel bajísimo, lleno de errores, de una demagogia absurda.”
Dice más: “El gobierno de México es de derecha, conservador, y tiene esas peculiaridades que continúan de la época del PRI y que son propias del nacionalismo, que aparenta una especie de izquierdismo y oculta una condición fundamentalmente reaccionaria y de derecha, que es lo que caracteriza al populismo de López Obrador y de Claudia Sheinbaum”.
Ante el juicio demoledor de Bartra, Jesús Ramírez Cuevas —un interlocutor menor— intenta una respuesta: dice que la izquierda que gobierna en México es un referente en el mundo.
¿Una izquierda que ha destruido o pervertido las instituciones de nuestra incipiente democracia, que pacta con los criminales y ha permitido el enriquecimiento repentino de los hijos y parientes de López Obrador?
¿Una izquierda que recibe con los brazos abiertos a gente como Adán Augusto, Manuel Bartlett y muchos más de esa calaña?
¿Una izquierda que llevó a Guadalupe Taddei, corrupta, vulgar y voraz, a la presidencia del INE y se mantiene al lado de la dictadura cubana y de la Nicaragua de Daniel Ortega?
A otro perro con ese hueso.
*Publicado por El Universal el 5 de noviembre de 2026