Auditoría Superior de la Subordinación

Auditoría Superior de la Subordinación 6 de noviembre de 2026

J. Martín Reyes

Chihuahua, Chih.

Ni independencia, ni rigor técnico, ni apego a la legalidad; la Auditoría Superior de la Federación actúa por consigna presidencial

El Taddeigate es un escándalo de proporciones históricas. Frente a él, lo mínimo que cabría esperar son investigaciones serias. De la Fiscalía General de la República (FGR), pues hay indicios de delitos, y algunos de ellos, como el enriquecimiento ilícito y el ejercicio abusivo de funciones, ameritan prisión preventiva oficiosa (¿alguien sabe dónde está Taddei?). De la Cámara de Diputados, pues Taddei también puede ser sujeta a juicio político, como ya lo planteó Denise Dresser con el respaldo de más de 13 mil firmas. Y del Órgano Interno de Control (OIC) del INE, que tiene la oportunidad de demostrar que es algo más que una correa de transmisión de Morena.

Son tiempos, pues, para que las autoridades demuestren que son responsables y serias. Pero justo cuando más hacen falta la responsabilidad y la seriedad, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) decidió que había llegado la hora de la subordinación y de las ocurrencias.

En medio de la tormenta del Taddeigate, ayer, pasadas las siete de la mañana, la Auditoría tuvo a bien publicar un comunicado, escrito en un finísimo burocrañol, en el que informa que tiene tres “principales líneas de trabajo que se encuentran en desarrollo”. La primera es una “investigación de oficio sobre diversas irregularidades en las contrataciones” de todos los institutos electorales locales (OPLE, por sus horribles siglas), del INE y, no es broma, ¡hasta del IFE! Así es. La Auditoría dice que investigará las irregularidades de una institución que desapareció en 2014, hace más de una década.

La segunda es un “estudio histórico” de las adquisiciones “del IFE, INE y todos los OPLEs, de 2000 a 2025”. Un cuarto de siglo. Con ese estudio, sigue el comunicado, se busca “identificar y dar a conocer patrones de contratación, concentración de proveedores y prácticas ilegales”. La tercera es una “auditoría integral al INE”, así como a “la totalidad del gasto federalizado que se ejerce en los OPLEs”.

El comunicado remata diciendo que los “trabajos de inteligencia” de la Auditoría “advierten la comisión de múltiples irregularidades históricas”. Y, por si fuera poco, asegura que “estas acciones” se realizan “en el ámbito de sus atribuciones, con independencia, rigor técnico y apego a la legalidad”.

Seamos justos: con un mísero boletín, es imposible saber a ciencia cierta qué tan descabellados son los planteamientos de la Auditoría. Pero basta con tener presentes las normas jurídicas y el contexto político para advertir que, si algo está en duda, es precisamente el rigor técnico, la legalidad y la independencia de la Auditoría.

El 27 de octubre, al día siguiente de la renuncia de Taddei, la presidenta Sheinbaum, en vez de asumir la responsabilidad por Taddei, salió con el cuento de que había que buscar en el pasado. “La solicitud a la Auditoría Superior de la Federación es que se audite todo”, dijo en la mañanera. Y añadió: “Tiene que auditarse y tiene que transparentarse, todos esos contratos… tanto en el periodo de Guadalupe Taddei como previamente”.

Así pues, a reserva de ver qué sigue, todo parece indicar que lo que la Auditoría hace lo hace por consigna. Y, así, hace el ridículo. Por su dependencia del gobierno, por su desprecio por el rigor técnico, por su escaso respeto a la legalidad. Se llama Auditoría Superior de la Federación, pero actúa como Auditoría Superior de la Subordinación.

Investigador en el IIJ-UNAM y en el Instituto Baker. X: @jmartinreyes.

*Publicado por El Universal el 6 de noviembre de 2026