Quereres… Queveres… Querencias…

Ana Elena

query_builder 2 de febrero de 2019
Chihuahua, Chih.

Como cada día, uno sí y otro también, que difícil es iniciar la mañana.

Hace tiempo decidiste, sin siquiera decírmelo, que buscarías otros mares por donde navegar, porque de pronto había llegado a tu puerto un barco que había partido dejándote recuerdos y que ahora por el horizonte había aparecido y atracado en tu corazón, el que se había llenado de ilusiones.

Fantasías, te decía yo, fantasías de quinceañera.

Aun así decidiste emprender el viaje.

Pasaron los meses y preparaste todo, te casaste, te fuiste y no supe más de ti.

Ana Elena, Ana Elena, es tu nombre y todos los días es lo primero que viene a mi mente.

Ya no hay encuentros, ya no hay roces amorosos, ya no caminamos juntos por las calles, seguramente tú me has echado en el abandono.

“aunque tú has matado mis ilusiones, en vez de maldecirte con justo encono, en mis sueños te colmo, en mis sueños te colmo de bendiciones”.

Este bolero cantado por tantos y de tantas maneras es lo primero que recuerdo y lo canturreo cuando despierto en la mañana.

Me lo he dicho: el día que dejes de cantarlo, habrás olvidado a Ana Elena; pero para qué la olvido, si recordándola, vivo.

Ana Elena es para mí ese amor que nunca esperas, pero que algún día llega.

La vi por vez primera hace lustros y durante mucho tiempo no fue más que una mujer a quien conocía y trataba frecuentemente.

Es cierto que tenía sus encantos pero no pasaba de eso, hasta que transcurridos los años de pronto me di cuenta que me gustaba su presencia y seguido buscaba la oportunidad para platicar con ella.

Percibí que el roce accidental de nuestros cuerpos me daba placer y empecé a buscarlos intencionalmente, después me sorprendí mirándola por la espalda y aprecié la suave curva de sus caderas, lo proporcionado y bien formado de sus piernas.

Y, sorpresa, que un día descubro la forma y el tamaño de sus senos y pensé Ana Elena usa su sostén para evitar que sus senos salten.

Así pasó el tiempo y la veía como una mujer que me gustaba pero que no llegaría a más.

Sucedió como algo natural, después de años, un buen día sin explicación alguna de pronto estábamos en brazos uno del otro.

Así inició o continuó un amor que siempre estuvo y siempre fue.

Ana Elena me decía nunca supe como pero te fuiste metiendo en mi piel, yo lo sentía y lo disfrutaba. 
Ese amor fue tranquilo y sereno pero lleno de pasión, nunca nadie pidió nada sólo entrega, nuestro amor lo sembramos y lo esparcimos en todos lados, dejamos rastros de nuestro amor en los lugares menos imaginados, nos daba un gran placer la transgresión y la furtividad.

Hasta que un día Ana Elena transitó de mi corazón al de otro y como sucede en estos casos en el camino siempre hay heridos.

Ana Elena se fue, a mí sólo me quedan los quereres y las querencias por que los queveres se terminaron.

Para terminar el día y no olvidarla, lo cierro con la misma canción “sufro la inmensa pena de tu abandono, sufro el dolor profundo de tu partida, y lloro sin que tú sepas que el llanto mío, tiene lágrimas negras, tiene lágrimas negras como mi vida”.

A veces me imagino que Ana Elena se marchó como una paloma y sólo se queda el cielo y me sueño con alas para seguirle el vuelo.