Águeda Lozano y la poética del acero

Águeda Lozano y la poética del acero 23 de agosto de 2026

Alfredo Espinosa

Chihuahua, Chih.

El Museo de Arte Contemporáneo Águeda Lozano (Macal) se inaugura este 26 de agosto, y tendrá como domicilio a la Quinta Touché, una casona antigua ubicada en el centro de Chihuahua.

¿Quién es Águeda Lozano? Aquí se las presento.

1.- Cuando veo, siempre con asombro, admiración y respeto, a una artista como Águeda Lozano, me pregunto: Cómo una joven de Cuauhtémoc, rodando la vida, logró sembrar una escultura monumental en uno de los barrios más prestigiosos de París?

¿Cómo, en 1976, que no la conocían ni en su rancho, ya tenía una Expo en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México? ¿Cómo una mujer puede domar al acero hasta hacerlo una sensible obra de arte?

El caso es que ella agarró vuelo, saltó las trancas y llegó a París. Y ahí se demoró largamente.

La atmósfera europea era fascinante. Reproducir la realidad había dejado de ser interesante para los artistas. En esa lucha contra La Forma y El Concepto, aparecieron a la vanguardia, los abstractos, constructivistas, cinéticos y geometrivistas.

La geometría dejaba de ser uno de los instrumentos para alcanzar el arte, y se convertía en arte por sí misma. La Bauhaus en su apogeo. Tres figuras geométricas (el círculo, en cuadrado y el triangulo) y tres colores primarios cambiaron los rostros del arte.

En París, Águeda Lozano se encuentra con los Hartos y la Generación de la Ruptura (Gerszo, Cuevas, Rojo, Felguérez) que le anunciaban a Siqueiros y a los demás muralistas que habían descubierto otras rutas distintas para el arte.

El México profundo de los murales se estaba convirtiendo en elementos de folklore y demagogia; los próceres patrios estaban fatigados y sus figuras apenas si se sostenían en las arenas movedizas de la historia.

Mientras los abstractos proponían una nueva percepción frente al arte: no razones: sólo siente y déjate llevar. Klee y Kandinsky tiraban sus líneas sobre el lienzo y Miró sus manchas de color. Y Malevich, Rothko, Modrian aportan sus volúmenes de color. Ésa era la atmósfera que Águeda respiraba.

2.- ¿Qué vemos, qué sentimos, con la obra de Águeda Lozano? Ahí están el silencio y la soledad ante el infinito. Colores desleídos que transparentan el aire, la nada. Sus lienzos son veladuras delgadas, transparentes. Sus aceros son pálidos o de una oscuridad espejeante.

Uno se coloca frente a su obra: La persona y el paisaje. Lo vertical y lo horizontal. La monumentalidad sobre el muro de luz, y de pronto, la diagonal como el vuelo de un pájaro, como una estrella fugaz, como una flecha disparada en el espacio. La obra por fin liberada de su contenido.

Sin embargo, ante la obra de Águeda, ¿cómo no recordar las moles rocosas, las barrancas, las cascadas de la Sierra Tarahumara? Porque una cosa es que uno salga del pueblo, y otra es que el pueblo salga de uno.

Un artista se expresa con todo lo que es: Pone en la realidad algo que no existía.

¿De dónde vienen las creaciones artísticas? No lo sé, pero la propia experiencia de vida debe estar ahí. Sus rompimientos con el terruño, la familia y otros afectos, con el país, son, quizá, algunos de los factores que influyen en la obra de Águeda Lozano.

La ruptura es la característica esencial de sus pinturas y esculturas. Pero para Águeda Lozano, la ruptura no es simplemente una elección estética o una coincidencia con estas vanguardias; es una experiencia vital.

Ruptura: palabra que define la obra. No es una oportunidad para el dramatismo. La suya es una ruptura que reta y transforma porque contiene el cambio.

Sus obras tienden al minimalismo, se reducen a las formas mínimas de la geometría. Y lo que más frecuenta es el triángulo con armonía entre sus tensiones. Formas asimétricas, líneas melladas, puntiagudas, en ascenso. La forma y el volumen buscan su absoluto frente al espacio.

Son una síntesis donde se expresan y resuelven el conflicto y el abrazo; la ruptura y el vuelo; la materia y su poética.

¿De dónde se saca todo esto Águeda Lozano? De la necesidad de crear, de los croquis de todos los días. “El arte y el amor, es cuestión de la frecuentación”, dice, mientras muestra sus dibujos sobre cartón en los que trabaja incesantemente, como si de un Diario se tratara.

Sólo así se logra que el acero sea dúctil, flexible, cálido y rítmico. Y, dependiendo del pulido, poder darle todos los tonos de la luz: de la transparencia al espejo oscuro.

Tan frío que parece ser, pero el acero sensitivo nos puede contar historias. ¿Habían visto sufrir al acero? ¿Llorar, sangrar, bailar, abrazar? Esta es nuestra oportunidad.

Hela aquí, entre nosotros: Empoderada, fuerte, entusiasta, inteligente, culta, siempre bella. La mujer que ordena al acero para que se doble, ondule, baile o se desgarre.

Águeda Lozano, ya tiene su museo. Enhorabuena por ella y por Chihuahua.