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A un mes: Se acortan las distancias
Sin Retorno

A un mes: Se acortan las distancias 9 de mayo de 2021

Luis Javier Valero Flores

Chihuahua, Chih.

A poco menos de un mes de las elecciones más grandes de la historia mexicana, son varios los aspectos de ellas que concitan el mayor interés. 

Por un lado, el incesante protagonismo del presidente López Obrador y su evidente interés en ir más allá de sus facultades y atribuciones; por el otro, el muy evidente estado de angustia política existente -en los dos bloques en que se han conformado la mayor parte de las agrupaciones políticas- que se manifestó con motivo del doloroso y lamentable accidente de la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México.

Todavía con decenas de heridos en los hospitales, la clase política y una buena parte de los medios de comunicación centraron su atención en las hipotéticas consecuencias político electorales para el año del relevo presidencial, lo que trajo aparejada una cuasi realidad: Tanto en Morena y sus círculos cercanos, así como en el bloque opositor y en la mayor parte de la prensa, se habló con naturalidad, precisamente de eso, del relevo presidencial.

De esa manera, más allá de las investigaciones de ese accidente y de que, incluso, se llegase a señalar con algún tipo de responsabilidad a alguno de los protagonistas del partido en el gobierno, la tragedia -por ahora- pareció sepultar -así sea temprano para señalarlo- las posibilidades políticas de una “ampliación” del mandato de López Obrador, algo que la aprobación del señalado para el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación,  Arturo Zaldívar, y la insistente coincidencia de López Obrador, hizo revivir con fuerza.

Eso, probablemente, se lo llevó el tren caído en la noche del lunes anterior.

Y es que entre los probables responsables -de algún modo, en un algún grado- por omisión o por alguna otra violación legal, son casi exclusivamente personajes ligados cercanamente a López Obrador, con la excepción de Miguel Mancera, Jefe de Gobierno entre 2012 y 2018, pero llegado a ese cargo postulado por el PRD y con la bendición de Marcelo Ebrard.

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El accidente es un fiel representante de lo que tanto ha denunciado la 4T, en el que la clase política, atenta a sus propios proyectos, tiempos y ritmos, decide emprender la construcción de obras, así sea violando tiempos y características de las mismas y en los que obtiene la participación de los más poderosos empresarios que, prestos, ejecutan las obras y obtienen su parte de los presupuestos públicos.

Estos, hoy lo hacen igual que ayer, y son, casi, los mismos. Además, al contrario de lo que ocurre casi en cada conferencia mañanera, el presidente no podrá acusar a la “mafia del poder”. 

Del diseño y características de la Línea 12 la administración de Ebrard es la responsable; del mantenimiento y rehabilitación, la de Mancera y del mantenimiento de la etapa más reciente, la de Claudia Sheinbaum.

El accidente develó las indudables carencias, limitaciones y rasgos característicos de los dos bloques que ahora se disputan la mayoría en la Cámara de Diputados, amén de un sinfín de cargos públicos.

Mientras que en el bloque gubernamental hay una más que rampante incapacidad reflexiva que les impide reconocer los más que evidentes errores cometidos y que ahora, ni siquiera son capaces de separar, así fuera transitoriamente, a la actual directora del Metro, y no solo por este accidente, sino por los dos anteriores (por lo menos los más relevantes) del cual, en el más reciente, nos develaron que no solo ejercía la función de directora del metro, sino también la de encargada del mantenimiento, además de que, sostiene el periodista Raymundo Riva Palacio, el presidente López Obrador la tiene como una especie de supra-encargada de la construcción del Tren Maya, proyecto al que le destina muchas horas de trabajo.

En ese afán de justificar absolutamente todo y de buscar, a como dé lugar, la responsabilidad de la “mafia del poder” en hacer naufragar a la 4T, quien se llevó las palmas fue la Secretaria de la Mesa Directiva del Senado, la senadora por Durango, Margarita Valdez, quien nos reveló la posibilidad de que “en un descuido van y le mueven a la ballena para que se caiga, ¿me explico? Yo tengo una mente muy de... ¿por qué pasan las cosas? Pues a veces pasan. ¿Por qué no habían pasado antes?”.

Los de enfrente no cantan peor, para la picaresca nacional quedarán las imágenes de los candidatos del PAN tratando de sacar tajada política del accidente.

Así, ambos evidenciaron lo que son, por una parte un bloque gubernamental sin más proyecto que lo dictado por AMLO, que no concuerda, ni con lo pregonado durante la larga travesía rumbo a Palacio Nacional, ni con el proyecto esbozado a través de sus libros.

Enfrente, el bloque de la oposición sin más proyecto que oponerse al de AMLO y que ¡Oh! Paradojas, nos llama a votar ¡Por el pasado!, lo que los revela como incapaces de comprender las causas profundas de la sociedad mexicana que llevó a una mayoría a ungir presidente al tabasqueño, quien se presentó con un discurso centrado en acabar con la corrupción y poner por delante las necesidades de los más pobres del país, factores que le otorgan al presidente calificaciones por encima del 60%.

Y ese discurso, repetido hasta el cansancio todas las mañanas, es el que mantiene a AMLO como el principal capital de Morena y sus impresentables aliados y en el que, con excepciones, sus candidatos poco aportan al caudal de votos esperado por ellos, merced a la buena imagen generada por los programas gubernamentales y ahora por la vacunación anti COVID.

Además, hay otro factor, el de que un buen número de mexicanos votarán por Morena-AMLO gracias a la inveterada esperanza de los mexicanos que cada sexenio votaban por el mismo partido con la idea de que “A ver si éste sí nos sale bueno”, y que ahora podría sintetizarse en la frase de “hay que darle más tiempo al presidente” y en consecuencia votar por sus candidatos.

Si esas son las fortalezas del bloque gubernamental, las de la oposición están centradas, solo, en combatir la figura presidencial, pero sin la capacidad de armar un programa y una estrategia electoral que atienda las profundas motivaciones de la sociedad mexicana para votar por López Obrador: La miseria, la discriminación, la corrupción y la pobreza.

Puede no bastar la figura presidencial para la obtención de triunfos de Morena, por ello, la aparición de candidatos que sean la excepción a la mayoría de los propuestos por Morena pueden darle vuelta a competencias muy reñidas.

Esos pueden ser los casos que se presentan en Juárez y Chihuahua. 

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Mientras Javier González Mocken está logrando duplicar las expectativas del PAN en Juárez (sus números en las encuestas doblan a los del PAN en la elección anterior), en tanto Cruz Pérez Cuéllar ha logrado galvanizar las simpatías por Morena, lo que, a pesar de que pudiera elevarse la votación por el PAN en el antiguo Paso del Norte, tal parece que Pérez Cuéllar está captando muchas simpatías de quienes votaron por Armando Cabada en 2018.

A su vez, Marco Adán Quezada, en la capital de Chihuahua, aparentemente va en camino de superar el 25% de la votación obtenida por Fernando Tiscareño, de Morena, en 2018 y apunta a que pudiera empatarse la contienda en la alcaldía capitalina. 

La incertidumbre se centrará en saber que tanto de estas simpatías por la alcaldía abarcarían al candidato a la gubernatura, Juan Carlos Loera. Todo nos lleva a pensar que Maru Campos sigue manteniendo una considerable ventaja en Chihuahua capital.

De ahí que lo que ocurra en otras dos regiones del estado adquiere mayor relevancia: Las regiones centro sur y el occidente.

En ambas está presente el factor presidencial, pero en sentido contrario, es decir, en un rechazo muy elevado a causa de la política agropecuaria del presidente, mayor en el caso de la región centro-sur -a causa de lo que ya hemos abordado, el conflicto del agua de las presas- pero que crece en la región occidental, en la que la abrupta modificación a los programas agropecuarios, con notorias disminuciones, tanto en el número de ellos, como en el de los montos asignados, lo que ha llevado a que entre los productores agropecuarios -de ambos giros, el privado y el ejidal- crezca el rechazo, hasta el grado de que en diversos chats de Whatsup la consigna de “ni un solo voto a Morena” haya crecido notoriamente en los últimos meses, algo que era impensable a mediados de mayo del 2018.

Ahí radica la importancia de las candidaturas locales, especialmente de Morena. 

Mientras que en la región centro-sur no cuenta prácticamente con ninguna que fortalezca la tendencia favorable a Morena, (y la que tenía, en Rosales, en la persona del presidente municipal, José Ramírez, la dejó ir, en abierto castigo por su oposición a la postura del gobierno federal de extraer el agua de las presas, y ahora va postulado por el PT) en el occidente, en Cuauhtémoc, logró la postulación de Lupita Pérez, quien ahora mismo está enfrascada en una competencia muy pareja con el candidato del PAN, Humberto Pérez quien ha logrado revitalizar las preferencias por el PAN.

A su vez, de Delicias al sur, el panismo se ha fortalecido.

Así, en tanto en la región centro-sur no hay candidaturas morenistas que pesen por sí mismas y le sumen votos a la candidatura estatal, en la zona occidental puede aparecer en un mayor grado el voto cruzado, es decir, que voten por la candidata de Morena a la alcaldía cuauhtemense, pero no por el candidato a gobernador.

Y este ejercicio abarca, sólo a esa ciudad, en el resto de la región el morenaje le apostará a las simpatías derivadas de los programas sociales. ¿Compensarán esos votos a los del rechazo de muchos del sector agrícola?

En esas regiones puede definirse el triunfo al gobierno de Chihuahua.

[email protected]; Blog: luisjaviervalero.blogspot.com; Twitter: /LJValeroF

Luis Javier Valero Flores

Director General de Aserto. Columnista de El Diario