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4T:¿Hacía dónde se dirige?

4T:¿Hacía dónde se dirige? 11 de mayo de 2022

Ethan Tejón Herrera

Chihuahua, Chih.

Ciudad Juárez, Chih.-La llamada Cuarta Transformación (4T) marcó un antes y un después en la historia electoral de nuestro país, pero a pesar del discurso de austeridad y de las promesas de campaña no ha logrado desmarcarse de los vicios y excesos de la vida política nacional.

Aquella noche de verano de junio de 2018, México había dado un giro histórico y no solo por la tendencia ideológica (izquierdista) que gobernaría en cuánto finalizara el sexenio del entonces presidente saliente Enrique Peña Nieto (derecha-centroizquierda), sino también por el relato que sedujo al electorado.

En el cual, el entonces candidato López Obrador resultó como vencedor ante el status quo político-empresarial.

Aquel año millones de mexicanos se volcaron hacia las urnas y emitieron un voto de confianza ante un candidato que se presentaba así mismo como una especie de “renovador” o “transformador” de la vida pública nacional.

Pero no solamente el triunfo se debió a la figura de Andrés Manuel. El voto de castigo ante un PRI que también se mostró en su momento como la imagen renovada del otrora partido más fuerte de México, influyó en los resultados de la contienda.

 


Y ante las acusaciones de corrupción entre los demás candidatos y de un Ricardo Anaya siendo investigado por presuntos delitos de corrupción y perseguido por la Fiscalía, así como por la maquinaria político electoral del PRI, el camino estaba libre para el candidato de Morena.

El mismo candidato que despertó en muchos el temor ideológico que frenó de golpe sus ambiciones presidenciales en dos ocasiones (2006 y 2012) resultaba vencedor en la tercera.

La causa sin duda, no fue que México se haya volcado masivamente en favor hacia la izquierda, sino que México emitió un voto de hartazgo en contra del establishment y del clima político del momento.

A su vez Peña Nieto fracasó en su intento por presentarse a sí mismo como un “reformador”. Y personalmente considero que quizá lo mismo suceda con el actual titular del Ejecutivo, y no se trata de lo que opinen los medios o los simpatizantes de otras opciones electorales, los resultados en combate a la corrupción, a la violencia, a la impunidad y la pobreza han dejado mucho que desear.

Por lo tanto es incierto el rumbo que se avizora para la 4T, pero sin duda alguna sabemos que atraviesa por mares tempestuosos y la autofagia dentro del mismo movimiento se ha convertido en el principal talón de Aquiles para este instituto político que rompió con casi dos décadas de bipartidismo en México (panismo y priísmo).

Otro claro indicador de la desaceleración en las preferencias por el morenismo rumbo al 2024, es la aceleración del proceso electoral del mismo año. El cual nos demuestra la desesperación del oficialismo por conservar el poder y por querer consumar su proyecto.

La pregunta será si podrá lograrlo a tiempo?; ¿O si la oposición podrá reagruparse y lanzar a un candidato en conjunto que dispute la Presidencia a los presidenciables emanados del obradorismo?

La ambición y la carrera por el poder, se disputan nuevamente del electorado. Tanto oficialistas como opositores han dejado de lado la consigna de que nuestro país es primero, mientras se lanzan a una disputa encarnizada y se consumen.

En esta guerra por el poder, México saldrá perdiendo.

La clase política divide y polariza, mientras se dejan de lado las causas y las raíces de los principales problemas que aquejan a nuestro país.

Por lo tanto, llámense “transformadores” o “neoliberales”; lo que México en verdad necesita son ciudadanos comprometidos con su país, sin retórica ni ánimos de división o de confrontación.

No hay puerto seguro para el proyecto político del Presidente, pero tampoco lo habrá para las demás alternativas políticas si no ofrecen soluciones, propuestas o acciones enfocadas en sanar nuevamente al tejido social.

No puede haber proyecto político exitoso si sus ciudadanos se encuentran en medio de la incertidumbre y de la división.

Mientras tanto el futuro de la 4T no parece resultar nada favorecedor y la sucesión del 24’ terminará por resquebrajarlo.

Un movimiento cuyo eje central es la figura del Presidente en funciones, no logrará influir o convencer en gran medida al electorado. 

Ese es uno de los graves problemas de personalizar a una estructura partidista. Al momento de irse su titular, el barco queda a la deriva.

O quizá su nuevo capitán, no podrá guiar el proyecto hacia aguas seguras y terminará por naufragar en las boletas electorales.

Solo el tiempo lo dirá. Nada es certero y en política: aún menos.