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2023, inicio bajo fuego
Sin Retorno

2023, inicio bajo fuego 8 de enero de 2023

Luis Javier Valero Flores

Chihuahua, Chih.

La madrugada del jueves resultará inolvidable (y no precisamente por lo agradable) para los mexicanos, y en particular para los habitantes de Sinaloa y Juárez.

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Por un lado, las fuerzas policiacas y militares ubicaron a Ernesto Alfredo Piñón de la Cruz, “El Neto”, a quien abatieron en el enfrentamiento y, por otro, las fuerzas armadas, después de ubicar a Ovidio Guzmán, sostuvieron un fuerte enfrentamiento con las “tropas” del narco lo que desató el infierno en Culiacán, además de someter a la población de Los Mochis, Culiacán y Mazatlán a diversos grados de riesgo y extrema tensión.

Hay infinidad de coincidencias en ambos hechos, uno sobresale: 

La inmensa corrupción en el entorno de los dos personajes, que le permitió a uno, tener una vida de privilegios en el penal, a lo largo de casi todos los años de reclusión en uno de los penales bajo la responsabilidad de los gobiernos estatales y, al otro, no solo sustituir en el mando del grupo criminal a su padre sino, incluso, superarlo en el número de “efectivos” a su servicio y mantener una colosal red de corrupción con el mundo gubernamental que le permitió, no solo lograr que el gobierno federal lo liberara en octubre del 2019, luego de paralizar, en un impresionante despliegue de violencia, a la capital sinaloense, logrado gracias a la participación de cientos, acaso miles de integrantes del Cártel, quizá, más poderoso del país, sino también evitar ser detenido a lo largo de más de tres años después del primer “jueves negro” culiacanense.

De la inmensa fuerza de ese grupo criminal dan cuenta los hechos ocurridos el jueves y todavía el viernes en las tres más importantes urbes de Sinaloa.

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El saldo, hasta el viernes en la noche era de 10 militares y 19 criminales abatidos, 35 lesionados y 21 detenidos. No había ninguna víctima fatal civil, pero sí un niño de 14 años herido. 250 vehículos destruidos y más de 30 personas detenidas por vandalismo, especialmente en Culiacán.

Hay, además, otros estremecedores hilos conectores en los dos hechos.

Por un lado, el de que ambos pertenecen al mismo grupo criminal y, por otro, el de que en los últimos años han optado por incluir entre sus actividades el tráfico de fentanilo, sustancia que ha prendido los focos rojos del gobierno norteamericano, al grado de que el viernes la Casa Blanca, en un comunicado oficial, informara que ese tema formaba parte de las prioridades del presidente Biden de la reunión cumbre de hoy.

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Por añadidura, hay otros aspectos igualmente coincidentes, además de criticables, que recaen en la responsabilidad de quienes ejercen la titularidad del Poder Ejecutivo, una, en el ámbito estatal, Maru Campos y, otra, en el federal, Andrés Manuel López Obrador.

En el primer caso, luego de los hechos del 11 de agosto era impostergable la toma de medidas en el penal 3 de Juárez ¿Por qué no se hicieron, según lo mostraron las hallazgos informados por las fuerzas armadas, luego de la evasión de los reos liderados por “El Neto”?

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En cuanto a la detención de Ovidio, es todavía más inexplicable que no se efectuara antes.

Transcurrieron largos más de tres años, después del intento de ejecutarla, luego de que el presidente mintiera descaradamente en esos hechos.

Primero dijeron que la orden de liberar a Ovidio había sido del gabinete de seguridad, que el presidente estaba incomunicado en esos momentos -porque viajaba a Oaxaca- para, después de varios meses, aceptar que el presidente había dado la orden, para “evitar”, dijo, que hubiera más desgracias que lamentar.

El presidente le había mentido al país en uno de los asuntos más dolorosos presentados en su gestión.

Bueno, pero la orden de detención con fines de extradición estaba vigente ¿Por qué no la ejecutaron antes y lo hacen ahora a unas cuantas horas de la llegada del presidente norteamericano quien, para demostrarle su agradecimiento arribará a México en el aeropuerto Felipe Angeles?

Los hechos parecieran darle la razón a quienes sostienen que fue un “regalo” para el presidente Biden. Es una extrema coincidencia que así ocurra.

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Al amanecer del jueves en Juárez prácticamente habían cesado los hechos violentos, persistían las medidas preventivas impuestas por las autoridades, en tanto que continuaban los operativos para detener a los evadidos en el amanecer del año. 

Un día antes, la Fiscalía General del Estado de Chihuahua cesó al director del Centro de Reinserción Social (Cereso) Número 3 de Ciudad Juárez, Alejandro Alvarado Téllez, y lo puso bajo investigación, en una medida que, sin duda, debió llegar hasta el mismísimo Fiscal Roberto Fierro, para dar pie a que las investigaciones -que deberá acometer la dependencia por él dirigida- fluyan sin su participación que, por muchos motivos, se pudiera inferir la existencia de un conflicto de interés.

Son muchos los oscuros aspectos existentes en el motín-fuga del penal 3 juarense, entre ellos el porqué, superando los obstáculos legales, no se efectuó una cirugía mayor en el reclusorio, luego del “jueves negro” juarense, del 11 de agosto pasado, que debió incluir, por supuesto, la remoción de una cantidad muy importante de funcionarios y la “limpia” del penal, que llevara al hallazgo de lo encontrado por las fuerzas armadas en la fuga de “El Neto”.

En Culiacán, los hechos del jueves rebasaron a los del 17 de octubre del ’19. Sometieron a la población de ese estado a más de 20 horas de violencia, porque ahora, a diferencia de aquel “jueves negro”, las fuerzas armadas sí los enfrentaron a sangre y fuego.

De lo cruento de la batalla da cuenta el balance en bajas oficiales: 10 militares caídos y más de 35 heridos. Entre las bajas mortales se cuentan a por lo menos a un coronel del ejército mexicano.

Nunca, en todo el sexenio los militares habían sufrido semejantes bajas. Se las infligió uno de los grupos criminales más poderosos del planeta, que lo es, además, por otro factor a cual más de preocupante: Su elevada inserción social y su puntillosa manera de comportarse frente a la población civil.

Y este es otro de los asuntos que ponen los pelos de punta: La elevada inserción social del Cártel de Sinaloa.

Tanto en el 2019, como ahora, la participación de la población fue sorprendente, dato que lo arroja el elevado número de sicarios integrantes de la banda criminal, pero que cuenta con muy amplios antecedentes en el acontecer sinaloense, como las manifestaciones masivas luego de la última detención de El Chapo Guzmán.

O el caso de Jesús María, en el que los pobladores despidieron a los soldados con abucheos, después de la refriega con motivo de la detención de Ovidio Guzmán y las afirmaciones de los pobladores que ahí vivía Ovidio sin ningún problema y que, además, era del conocimiento generalizado.

Los antecedentes son muchos, y no solo en Sinaloa. Las bandas criminales despliegan vistosos operativos para la entrega de despensas y aguinaldos en distintas partes del país: Sinaloa, Jalisco, Guanajuato, Guerrero y Michoacán.

O como los incidentes de Michoacán de las últimas semanas, en las que el jefe de una de las bandas hasta emitió un video en redes sociales en el que se apreciaba su estancia y tranquila residencia en el pueblo, con pleno conocimiento de los habitantes; o el de meses atrás en el que los lugareños de un poblado de tierra caliente michoacano corrían a los militares, en un episodio que se repite incesantemente.

Explicaciones hay muchas, sirvan de ejemplo el hecho de cuando, ante el anuncio de que el gobierno federal suspendía las clases de “tiempo completo”, los narcotraficantes anunciaron que pagarían los gastos para mantenerlas en varias escuelas de Culiacán, en las que, además, ofrecían desayunos a los alumnos; o el de que los sicarios despojaban de sus vehículos a los propietarios, pero descartando a los autos “chicos o viejos”, porque, decían, “no tienen seguro”.

Cuenta, además, la dolorosa derrota cultural sufrida a manos del “narco”, cuyas evidencias forman parte de la cotidianidad  mexicana, una de las cuales llegó hasta el centro del país. 

El Grupo Firme, conocido por cantar corridos de narcotraficantes, fue invitado por la Jefa de Gobierno de la CdMx, Claudia Sheinbaum, a ofrecer un concierto en el Zócalo, en septiembre pasado. 

Ahí, en el centro del país, a metros de la vivienda presidencial, los músicos cantaron el corrido de Ovidio.

Otro aspecto, a cual más de inquietante, tanto en Sinaloa como en Juárez es que la fuerza del narco está intacta, a pesar de la detención de uno o más de los jefes más emblemáticos del Cártel.

¿Cómo no sostener lo anterior si en el penal federal de Juárez estuvieron recluidos, simultáneamente, El Chapo Guzmán y Vicente Carrillo Fuentes? 

Está intacta porque, de acuerdo a los informes oficiales en el caso de Culliacán, las bajas de los grupos delincuenciales son de un poco más de una treintena de caídos y, según la información disponible, el CÁRTEL DE SINALOA (que no es el Cártel del Pacífico, esa es una denominación ya desaparecida; nadie, de los delincuentes, se asume como integrante del cártel así llamado, tanto por el presidente, como el Gral Sandoval) puso en alerta roja a todo el estado de Sinaloa, el sur de Sonora y la parte norte de Nayarit.

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Finalmente, no menos importante. 

Las serias contradicciones acerca de la manera en que se detuvo a Ovidio. El mismísimo General Secretario Sandoval dijo que “Al realizar recorridos en la zona noroeste de Culiacán, fue detenido Ovidio Guzmán”, pero ahora resulta que el centro del ataque de las fuerzas armadas fue la casa en la que Ovidio vivía a la vista de toda la gente.

No son las únicas. 

Sorprende que el presidente López Obrador aseverara en la mañanera que no había suficiente información pues a las 7.30 (hora de Culiacán, 8.30, hora de México) los reportes de hechos violentos ya abarcaban a Los Mochis.

Pero a las 9:25 (hora de Sinaloa) un avión de la Fuerza Aérea despegaba de Culiacán para llevar a Ovidio Guzmán López a la Ciudad de México.

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Finalmente, estremece la soberbia de quienes pertenecen a la élite delincuencial. 

El viernes, Rosa Icela Guzmán, hija de El Chapo, circuló un video con el fondo musical del corrido, cantado por los Tucanes de Tijuana, de “El Guano”, en el que sólo transmitió el fragmento en el que cantan que “la familia no se acaba”.

¡Qué temeraria!

*Columna de Plata-APCJ: 2008, 2015, 2017 y 2022

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Fuente de citas hemerográficas: Información Procesada (INPRO)

https://www.inpro.com.mx

Luis Javier Valero Flores

Director General de Aserto. Columnista de El Diario